De qué va esto

cuentos de pájaros


martes, 30 de agosto de 2011

Correlimos común en solar cordobés

Entre las virtudes de la afición a la ornitología está la de los hallazgos fenológicos, aquellas observaciones que, con cierta frecuencia, registramos y que, entre otras cosas, son muy útiles para darnos vidilla. Afortunadamente no todo son observaciones insípidas o frustadas (inobservaciones), así que con casi cualquier pequeño descubrimiento los pajareros nos venimos rápidamente arriba.

Y eso fue lo que ocurrió solo un día después de descargar todas las blasfemias conocidas contra el innombrable intreparriscos. Al día siguiente de regresar del septentrión ibérico, por cierto, igual de caluroso que aquestas tierras sureñas, con el mono de prismáticos encaminé mis pasos hacia las colas de Sierra Boyera, a la búsqueda de nada especial. Los limícolas pululaban de orilla a orilla, un poco lo de siempre, chorlitejo chico, andarríos chico y andarríos grande, que siempre alegran la vista con su permanente briega. Y entre ellos, un par de bichos diferentes, una especie de andarríos que no logré identificar y un correlimos común con su negro vientre exhibiéndolo con orgullo. Al mismo tiempo jóvenes martinetes miraban atentos desde el cielo, grupos nada despreciables de ánades reales y alguna garza imperial de sigiloso vuelo, como queriendo pasar inadvertida. No lo consiguió desde luego.

Unas semanas antes, en concreto el 18 de agosto, en el mismo sitio vi mi primer cormorán de la temporada. Tempranero desde luego, pero quién dice que no están ya mismo criando por esos parajes guadiateños. Y días antes también trincamos en nuestras lentes algunos carricerines cejudos, pero eso… será motivo de su particular relato.

domingo, 28 de agosto de 2011

El intreparriscos

Dibujo tomado de internet. Desconozco el autor/a

Aquella mañana lo tenía todo en perfecto orden. Mochila no demasiado pesada, cargada con el material de observación e identificación básico, y bastón ligero para la mano derecha. A mi cabeza venía la emoción del principiante, cuando con aquellos Super Zenith 20x50, perfectos para corroerse los ojos, y mi primera guía, la de Peter Hayman que aún conservo, andábamos un montón de kilómetros a la búsqueda de nuevos hallazgos pajariles. No olvidaré el cosquilleo en el estómago y pulso acelerado cuando ante nosotros se presentó una collalba negra en el secarral fluvial del Bailón, o la primera vez que vimos un acentor común en los llanos de Santo Domingo, Palomera arriba. Era el año en que el país estaba ya medio atontado delante del cuadrilátero televisivo viendo el mundial de naranjito.

Las posibilidades eran cuasi infinitas, los cortados rocosos dominaban el paisaje, alegrado siempre por buitres y chovas, y un tapiz verde de hayas que te sumergen en un mundo muy diferente al que uno está acostumbrado, ese que está lleno de chicharras cantoras de efectos sicológicos devastadores. Así que con los Nikon 8x30 comenzó el barrido de cada pared, cada piedra, cada matojo suspendido hacia el menos infinito, a la búsqueda agónica de mi primer ejemplar de ese pájaro de pico curvo y alas rojas que ni siquiera quiero nombrar.

Conforme avanzaba el día, el escaneado de tanta piedra iba perdiendo fuerza aunque sin merma de la ilusión. A veces, uno se tropezaba con un quebrantahuesos posado, con marcas alares, que invitaban a su identificación. De esta manera se mitigaba un poco el hartazgo de tanta caliza y las numerosas falsas alarmas que provocaban aviones roqueros y colirrojos. Dan vidilla los quebrantas, sí, pero uno no iba en su búsqueda.
 
Fueron varios días de persecución en lugares diferentes, incluso recomendados por algunos lugareños. La espectacularidad de los valles pirenaicos quedó sin embargo ensombrecida por la inexistencia del innombrable, que se perdió, para su desgracia, la posibilidad conocer a unos cordobeses entusiastas.

La próxima vez, si quiere, tendrá que venir a las Subbéticas, igual nos dignamos a conocerlo.

PD. ¿Algún pajarero/a ha conseguido ver al innombrable? ¿Where?. 
Thanks