De qué va esto

cuentos de pájaros... o no


miércoles, 30 de mayo de 2012

El camachuelo trompetero

Ya sucedió con el treparriscos el verano pasado; su enorme dosis de vergüenza a la pose le valió para ganarse el apodo de intreparriscos, animalúzculo al que todavía estoy esperando que se cruce en mi camino. Y no es venganza, no.

El camachuelo trompetero ha hecho lo mismo. Uno se ha informado y disciplinado lo suficiente como para no tener demasiados problemas en darse de bruces con él. Pero no ha sido así. Ha preferido el anonimato o tal vez ha preferido seguir jugando con uno más de los observadores que se afanan en registrar tan curioso animal en sus cuadernos de campo.

Me quedé con las ganas, pues, de escuchar tan particular trompeta, uno de los sonidos inconfundibles de nuestra ornitofauna. Según estudios recientes este fringílido está en cierta expansión en nuestro país, avanza al compás del cambio climático. Será, pues, uno de los pocos seres a los que les venga bien tamaño desatino.

Se sabe que llegó a Almería en los años sesenta, aunque en Canarias ya llevaba asentado desde hace miles de años; y se va viendo también en Granada, Murcia y Alicante, siempre en lugares desérticos, estepas con escasa vegetación, y a ser posible con afloramientos rocosos. Allí permanecen invisibles, por su críptico plumaje y por su poca actividad, rota la más de las veces por la necesidad imperiosa de acudir a algún abrevadero. O sea que verlo, lo que se dice verlo, no es precisamente fácil.

Ya decía yo.

jueves, 17 de mayo de 2012

El Pegolete llega a las 10.000 visitas


Aquella noche el salón de actos estaba a punto de reventar. Tamaño edificio no había conocido tanto pisoteo al mismo tiempo, salvo aquel día que dieron migas y cerveza gratis en la explanada de la entrada. Fue una jornada que quedará en los anales del local. Los esfínteres en proceso de explotación urgían la llamada de un lugar apacible donde relajarse, y si bien algunos, los más guarros, no tuvieron sino la feliz ocurrencia de verter aguas en pleno césped donde juegan a diario las fierecillas de dos patas, los más, emplearon los váteres de aquel edificio de convivencia. Sí señor, una verdadera lección de civismo colectivo si no fuera porque la mayoría de usuarios apenas atinaba al apuntar a tan generosa y ovoide diana inferior.

El público estaba impaciente, con la mirada puesta en la puerta de entrada; los cuellos, del revés, estaban empezando a notar conatos de esclerosis cuando, de repente, apareció él. Llevaba una de esas camisetas de colores sacados de un pantonario, pantalón corto bien combinado con él mismo y unas zapas a mitad de camino entre botas y sandalias. Cualquier madre con gusto de madre hubiera renegado en ese momento de lo que hasta entonces había sido su hijo.

Fue una entrada modesta y ciertamente incómoda para su pituitaria. El aire acondicionado no funcionaba desde que tuvieron que recortar gastos y allí no había cristo que aguantara, si no fuera por la sorpresa que todo el mundo aguardaba con nerviosismo. En realidad estaban allí por eso, el acto era lo de menos, porque a decir verdad nadie conocía al prota, salvo su hermano pequeño y algunos allegados, pocos, que estaban impacientes porque acabara aquello de una vez.

Una semana antes había corrido por facebook, twiter, correo electrónico y los blogs locales, que en el día señalado, a la hora fijada y en el lugar determinado, se iba a departir de balde sobre las claves para una vida mejor. Los más pragmáticos pronto interpretaron que iban a regalar camisetas del Real Madrid ¿acaso no se es más feliz vistiendo una camiseta galáctica?. Otros cargaron con sus barras de incienso para ambientar un acontecimiento que se preveía lleno de simbolismo y de paz interior. Los más viejos, como siempre, se llevaron bolsas del Piedra a la espera de llenarla con patatas, naranjas o botellitas de aceite.

Así se entiende la expectación tumultuaria que se levantó en aquel modesto salón de actos, acondicionado, en su máxima aspiración, para acoger la actuación del grupo de teatro de la tercera edad del barrio. La decepción fue máxima y los destrozos supinos.

El evento en cuestión tan sólo pretendía juntar a un grupo de amiguetes para celebrar nada menos que las 10.000 visitas de un blog local. Cada uno de los energúmenos que acabaron con la decoración y las incómodas butacas del Ikea debieron aprender la lección: hay que leer bien la información pero, sobre todo, que las expectativas se las crea un solito.

Ya sabes.


PD. Gracias, visitante, gracias, “visitanta”, por estar ahí detrás de ese cuadrilátero cegador que a veces nos quita el tiempo que le pertenece al aire libre. Y si, efectivamente, este microrelato es una ficción muy propia de un blog que, como éste, está repleto de pegoletes.