De qué va esto

cuentos de pájaros... o no


martes, 24 de diciembre de 2013

Un cuento de navidad


Eran tres los reyes sin reino que, según cuenta la leyenda, se dirigieron hacia la ciudad inexistente de Belén, tal vez guiados por el cometa Halley o por cualquier otro astro. Melchor, el del oro, era rico, claro está, y llevaba varios años estudiando la migración de las cigüeñas blancas. Gaspar, que gustaba de echarle incienso al brasero, tenía una obsesión particular por las grullas. Y Baltasar, el de oscuro ánimo, tenía el honor de ser el primer botánico que descubrió las bondades del pino resinero, no por su madera sino por su capacidad de generar esa especie de goma que él llamo mirra.

Sí, querido lector, lo ha adivinado, los tres magos de oriente eran biólogos, dos de ellos pajareros para más señas, y los tres, además, aficionados al mundo de los astros. Quizá por su erudición se conocían como magos entre el resto de su inculto pueblo, más pendiente de profecías y otras elucubraciones que de revelarse contra la tiranía gubernamental. En efecto, eran unos adelantados a su época y la historia así se lo ha reconocido, aunque de una manera un poco tergiversada.

Como cada diciembre, los tres amigos emprendieron su viaje anual para estudiar la migración de grullas y cigüeñas. Melchor, el mecenas, había dispuesto de varios camellos para el transporte de personas y utensilios. Años atrás lo intentaron con caballos, pero no aguantaban bien la travesía por el desierto. Pero tan jorobados ungulados resultaron excesivamente lentos como para hacer un seguimiento decente del movimiento de las aves, bastante más diligentes. Y perdieron la pista.

En su recorrido, ese año tampoco pasaron de la misma venta, su habitual lugar de destino, a la que llegaban abatidos. Los tres se prometieron que aquella iba a ser la última vez. Pero el azar los llevó a la celebridad.

La noche del 24 de diciembre decidió Gaspar salir de la posada para refrescar su conato de embriaguez; hacía mucho frío, y decidió estirar las piernas hasta el establo más cercano para, de paso, aliviar los excesos líquidos. “Por todos los astros ¿pero qué es esto?”. Una grulla había quedado descolgada del grupo, y agotada, permanecía en lo alto del chambao de madera. Al borroso ornitólogo se le antojó aquello como una revelación: “vamos por el buen camino”, se dijo.

Con la emoción, ni siquiera había reparado en que allí, oculta entre los montones de paja, una mujer acababa de dar a luz. Fue Baltasar quien la descubrió minutos más tarde, cuando él y su compañero de jarras salieron a confirmar el registro ornitológico. Como pudieron, ayudaron a la parturienta y al bebé: algo de ropa para ambos, leche de oveja que compraron a los pastores, unas cuantas monedas de oro para poder hacer frente a las exigencias pecuniarias del posadero, incienso para evitar el desagradable olor del establo, y mirra para que el carpintero pudiera reconstruir el carro y continuar con la marcha.

Pero ni rastros del padre.

Imagen tomada de la web fiestasycumples.com

¡Feliz invierno (navidad incluida)!



miércoles, 4 de diciembre de 2013

El primer encuentro con un búho real

El pasado fin de semana hicimos una excursión para ver grullas. Las vimos, pero también nos topamos con un majestuoso ejemplar de búho real posado en una torreta de la luz. ¡Qué peligro!
Los tres niños que venían alucinaron.
Les pedí que escribieran su experiencia.




lunes, 2 de diciembre de 2013

La senda del buitre

Llevaba varios días un tanto decaído, pero aquella mañana no podía más y, con la poca energía que le quedaba, decidió partir. Sin rumbo fijo, lo tenía claro, pero siempre destino sur, buscando calidez. Por fortuna, el astro rey quiso lucirse, y apenas tuvo que emplearse.

Y voló.

Carreteras, pueblos, cultivos, embalses, sierras, ciudades. Hasta que la gelidez del crepúsculo pudo con el sol y se rindió a la evidencia. Ese día amaneció abutre y durmió siendo un buitre leonado.


Bienvenido.

domingo, 10 de noviembre de 2013

La Santa Compaña

Aquel día decidí madrugar, no había dormido bien en toda la noche y deseaba que la luz se filtrara al fin por la tosca persiana de plástico disimulado. La primera exhalación del frescor otoñal hacía presagiar un día gélido, de esos que a mí me gustan. Pero el olor no era el habitual. El inconfundible aroma de la madera quemada me transportó de inmediato a los pueblos serranos, aprisionados por la insolencia de un atardecer invernal.

La menguante oscuridad no pudo con mis miedos, a pesar de que la noche anterior me ensalcé en la lectura del Corteju de Genti de Muerti. Sin pensármelo dos veces, me calcé de cuerpo entero y me dirigí como un zombi hacia mi cotidiano destino, el río.

Y allí, la terrible sorpresa, un grupo de ánimas prendían varias hogueras; sin duda presagiaban el destino final de todo lo viviente. No cabía ninguna duda, la Santa Compaña en pleno se había reunido horas atrás; y ahora, con su uniforme y sus antorchas, peregrinaban junto al Guadalquivir arrasando cualquier atisbo de vida.

Se llevó el alma del río.

Sotos de la Albolafia (7/nov/2013)

lunes, 4 de noviembre de 2013

La fábula del mirlo acuático y el plecóptero

Perla es uno de esos insectos que viven bajo el agua. Bastante delicada, hay que reconocerlo, pero buena gente. Habitante de la Sierra de Cazorla, río Borosa para más señas, lugar de gran discurrir de paseantes de muy diversos pelajes.

Siempre refugiada en su tubo de piedrecitas, nuestra amiga no conoce el miedo. No tiene por qué. Jamás se ha encontrado con peligro alguno, salvo tal vez cuando el Borosa se cabrea un poco y sus aguas fluyen más bravas de lo normal.

Es curiosa la perspectiva de las cosas desde el fondo de un río de transparentes aguas. Desde allí se ven las siluetas de los curiosos que, eso sí, cuando acercan su jeta, acojonan un poco. Las hojas caídas de los álamos negros se aprecian como pateras de diligentes movimientos; las nutrias son grandes monstruos de cola infinita, y qué decir de los enormes hocicos de los ungulados que acuden a beber.

Un día estaba Perla con medio cuerpo sacado del tubo, mirando con interés a una figura nueva para ella. La observó sin desconfianza. Aquel animal, un pájaro marrón y de pecho blanco, movía graciosamente su cuerpo regordete, flexionando sin descanso las mojadas patas. Advirtió que con frecuencia se lanzaba al agua y ¡nadaba!. No daba crédito.

Embobada estaba viendo al panzón desde su privilegiado emplazamiento, cuando de repente notó que aquel bicho se sumergía en un santiamén. Buscaba algo, estaba claro, pero no acertaba a adivinar qué. Hasta que en una de sus zambullidas llegó junto a ella, se le quedó mirando atentamente a los ojos y… Perla dejó de existir.


Dibujo de Yolanda Espinosa
tomado de su web: www.yolfinger.com

Moraleja.- Perla era un plecóptero, uno de los alimentos preferidos por los mirlos acuáticos. Y ella no lo sabía (ni que era un plecóptero ni que era alimento).
¿Te ha pasado alguna vez? 
Frena un poco y mírate. Igual descubres tu lado plecóptero

lunes, 28 de octubre de 2013

El trauma de los capiblancos


Torcuato tenía un trauma. Así, como suena, con cacofonía y todo. Para qué ocultarlo más. No podía ver nada que fuera rectilíneo y mucho menos zigzagueante. Le aterrorizaba.

De pequeño saltó del nido a una edad muy temprana; aún no había emplumado su cuerpo cuando algo lo impulsó a tirarse al suelo. Con el tiempo descubrió que se trataba de una simple cuestión de genes; todos los mirlos capiblancos hacían lo mismo desde que existían como especie.

Cayó debajo del majuelo en el que sus padres tuvieron a bien construir tan particular paritorio, y allí empezó a buscarse la vida, alimentándose de pequeños animalillos y de algún que otro fruto. Sentía predilección por las lombrices; descubrirlas bajo el subsuelo y merendárselas era su actividad favorita.

Hasta que un día se encontró con una de enormes dimensiones, jamás registrada antes por sus retinas; se trataba, en realidad, de una joven culebra de herradura, agresiva como todas ellas, que, sin pensárselo, lo agarró por el cuello con saña.

Los atentos padres acudieron de inmediato al desesperante chillido de Torcuato, que permaneció inmóvil durante varias horas. En ese tiempo pudo ver la luz al final del túnel y recrearse con los mejores momentos de su vida. Los pocos que da tener 11 días de edad.


foto tomada de la web de SEO-Alicante


miércoles, 2 de octubre de 2013

Ni collalba ni rubia

Enante siempre se creyó un machote de pluma en pecho. Lo de pluma siempre le mosqueó, pero no podía hacer nada. Realmente lo que le molestaba era su pertenencia al reino de las collalbas rubias. Sí, collalbas y no collalbos. Así que por muy viril que se sintiera, y él se encargaba de demostrarlo a la más mínima oportunidad, nunca dejaría de ser una collalba.

Acabado el trabajoso periodo de cría de polluelos, ya en las puertas del otoño, Enante y los suyos aguardaban la llegada de sus parientes del norte. Fatigadas, tras una tunda de cientos de kilómetros, numerosas collalbas siempre paran para descansar durante algunos días en las llanuras esteparias de aquel trozo de tierra, mitad andaluza, mitad extremeña. Su septentrional origen no pueden disimularlo; su perfecta pronunciación de ces y zetas contrastan con el seseo local, arraigado con el paso del tiempo.

Enante siempre aprovechaba esos momentos para reunir a los suyos y debatir la posibilidad de cambiarse el nombre. ¡¡Collalbas grises, rubias, negras, joder que todos parecemos señoritas!!, se dirigía a la plebe con su voz varonil. Debatieron, sí, al menos consiguió que recapacitaran. Y se estudió su propuesta.

El consejo de sabios, digo, sabias, apuradas por la imperiosa necesidad de migrar, se apresuró en su dictamen, y al quinto día llegó a un acuerdo unánime. Dejaremos de llamarnos collalbas, sentenciaron, a partir de hoy nos conocerán simplemente por las rubias.

Enante fue linchado al instante por todos los presentes que, como él, hacían gala de su masculinidad.

Dibujo de Juan Varela tomado de internet

jueves, 26 de septiembre de 2013

La estirpe de la cogujada

Trató de esquivar al camión, pero falleció al instante. Esta vez no pudo ser. Lérida tenía ya un año y medio, y en su vida jamás había conocido otro lugar. Aquel trozo de autovía lo fue todo para ella. La osadía de sus padres le llevó a nacer en una insólita mediana, protegida por achispadas adelfas y siempre amenizada por el rugir bárbaro de los motores. Aquel era, probablemente, el sitio más desagradable para nacer.

Pero Lérida era feliz allí, sí, tal vez porque no tenía mundo corrido, o por la excelente relación que siempre tuvo con sus amigos de asfalto. Los gorriones la ayudaban cuando lo necesitaba y los erizos, bueno, a los erizos nunca le daba tiempo a conocerlos.

Un día le llegó, casi a traición, el revuelo hormonal que provee la adolescencia, y con ella, la crisis de identidad. Jamás había visto otro pájaro siquiera parecido a ella y, de repente, sin saber por qué, necesitaba encontrar alguno. ¿Espero o me voy a buscarlo? En esta disquisición estaba cuando el claxon de un camión enorme la devolvió a la realidad. Se asustó, voló impulsivamente y se acabaron las dudas.

Lérida fue la última cogujada de una osada estirpe familiar.

Dibujo tomado de www.parquedelalamillo.org

martes, 24 de septiembre de 2013

Pajareando por la Vía Verde de La Maquinilla


Soy usuario de vías verdes, lo reconozco. Usuario de bicicleta, pero también de paseo. Paseo siempre con prismáticos. Prismáticos que siempre me descubren cosas nuevas, pájaros. Pájaros con los que siempre disfruto, y anoto. Y anoto en ocasiones observaciones sorprendentes. Sorprendentes como el carricerín cejudo que descubrimos en la Vía Verde de La Maquinilla, en Peñarroya. Peñarroya, lugar en el que cohabito, lugar donde pajareo. Pajareo allí, en el Guadiato. El Guadiato, sí, donde la ZEPA.

Recomiendo pasear para pajarear por la vía verde entre Belmez y Peñarroya. El efecto borde entre los cultivos y la vegetación de ribera instalada en las charcas enclavadas en las escorias mineras, se hace notar. Ahora, en pleno paso migratorio, es buen momento para acudir. Allí hay dormideros comunales de golondrinas comunes y dauricas, se ven collalbas rubias y grises, mosquiteros musicales, carriceros comunes, currucas zarceras, zampullines chicos, chovas piquirrojas, gorriones morunos… no sigo que aburro.


jueves, 12 de septiembre de 2013

De hubaras y corredores


En estos casos, si quieres tener una mínima posibilidad de triunfar no te queda otra que pegarte un madrugón. Y no fue así. El día de antes, los viajeros, en pleno uso de sus facultades, se habían dado la natural paliza propia de la profesión, así que los cuerpos humanos no estaban para mañanear demasiado. A las diez, pues, chispa más o menos, en un día nuboso, comenzaron la caminata por el Jable de Famara, un secarral como dios manda. El primer trayecto fue completamente estéril, casi tanto como la inmensa llanura, pero en el recorrido de regreso, con la moral hundida, más bien ya sin moral, algo se movió a lo lejos. Resultó ser, de nuevo, el omnipresente bisbita caminero, valorado cada vez menos, pero allá a lo lejos, con la silueta recortada de los coches que discurrían por la carretera, algo más conspicuo parecía dejarse ver.

Los verdes ojos de la observadora, a la que no se le pasa ni los insectos, la localizó al segundo. Efectivamente era el bicho objetivo de la excursión, una magnífica hubara estaba pastando con otra en una zona especialmente llana. Por supuesto, ambas visualizaron a los pajareros  mucho antes, pero eso no importaba, había bastante tierra por medio.

La recreación de la observación dio de sí para hacer un barrido por derredor, y en esta ocasión Murphy quiso estar de parte de los excursionistas. Varias figuras del color de los campiñeses barbechos caminaban velozmente. No podía ser otra cosa que corredores saharianos. El primero hallado condujo a un segundo y éste a un tercero, y así hasta 13 pájaros que se afanaban en buscar algo para amenizar el desayuno.

Corredor, hubara, hubara, corredor, tanto monta, son suficientes como para compensar sobradamente la pobreza ornitológica en especies que la isla lanzaroteña ofreció.

Ea.

viernes, 6 de septiembre de 2013

Pon un bisbita en tu vida


Andábamos aparcando el reducido utilitario cuando de repente surgió un pájaro enfrente nuestra. Al principio no le echamos más cuentas de lo normal. Será un gorrión, que es lo propio de estos lugares tan humanizados, pensamos al unísono. Pero tenía un aire era más estilizado y esa forma de moverse… Con los pies en el suelo y los prismáticos acoplados en su natural posición, comprobamos al instante su pertenencia al maravilloso mundo de los bisbitas.

Señoras y señores, era un bisbita caminero, ya lo creo, el primero que se cruzaba delante de mis Nikon. La emoción de un nuevo hallazgo me impidió desenfundar la cámara de bolsillo para registrar el momento histórico. Al cabo de un rato, como si de un tagarote cualquiera se tratara, el bisbita no sólo seguía allí sino que se acopló con algún otro, buscando entre los coches algo para llevarse al pico.

Ya lo decía bien la guía, es una especie muy confiada. Uno, que está más acostumbrado al bisbita común y al campestre, no hubiera pensado nunca en ese grado de descaro. Así que me acordé de mis amigos fotógrafos, que hubieran retratado primeros planos del ojo o de las uñas. Yo sólo me conformo como mi rudimentario móvil o la cámara de juguete, pero aún así pude testimoniar tan feliz encuentro.

Con el paso de los días comprobamos que el bisbita caminero era el pájaro más vil de Lanzarote, sólo superado por tórtolas turcas, cernícalos vulgares y gaviotas patiamarillas. Pero el encuentro del primer día, en el parking de los Jameos del Agua, quedará para siempre.


jueves, 5 de septiembre de 2013

Tagarote en Lanzarote


10:10 AM, una hora más en el continente de la crisis. Ascenso vehiculado al Mirador del Río. Vista sobrecogedora desde la cúspide de los Riscos de Famara; el archipiélago de Chinijo enfrente. Cuatro ojos oteando el cielo. Cosquilleo inicial a la búsqueda de inéditos objetivos pajariles para el curriculum.

10:20 AM ¡Eh! Una silueta de algo vivo recorta el fondo de un perfil enteramente rocoso. Se confirma, un tagarote con todo su premio.

10:40 AM Los pacientes observadores, no contentos del todo, esperan la aparición estelar de Eleonor, la ornistar del enclave. Allí cría, allí come, allí vive, allí tiene que verse.

11:00 AM El cosquilleo inicial va dejando paso a la vida contemplativa per se. Nada vuela. El tagarote sigue allí, en su sitio, con el solo movimiento de cuello. Parece que Eleonora ha rehusado nuestra invitación.

11:20 AM El bareto de César Manrique nos acoge con cariño, y el tagarote, mientras, allí, donde tiene que estar. Un bicho de “electroetograma” plano.

11:35 AM El cielo sigue huérfano de plumas, salvo un par de cuervos que tratan de salvar el honor de tan afamado lugar. El hormigueo emocional ha cesado para dejar paso al gastronómico, bastante más mundano pero resolutivo.

11:45 AM A la vista del alegre espectáculo del tagarote y de la inexistencia de su primo hermano, los birdwatching deciden convertirse en herpetowatching: los lagartos de Haría están allí mismo y, no cabe duda, son bastante más agradecidos. Supimos después que los que vimos son de una subespecie vulnerable, Gallotia atlantica laurae, en el mismo volcán de La Corona.

Again be (o así) señora Eleonora.

A ver si eres capaz ¿dónde está el tagarote?


Epílogo. Dos días después el 50% de la expedición ornitológica vio a Eleonora, el otro 50%, o sea, yo, no. 
No somos nadie.

miércoles, 21 de agosto de 2013

Águila Azul


Empezamos presentándote a James Dore Jr., más conocido por el Águila Azul, aunque también llamado Capitán Halcón, Cóndor o el Águila Americana. Casi nada. 

Este personaje, creado por Roy Thomas y John Buscema, apareció por primera vez en febrero de 1971, enfrentándose en varias ocasiones a los conocidos Vengadores (que son muchos más que los que aparecen en la pelo).

Su interés ornitológico es que porta alas antigravedad construidas por su padre, el original Águila Americana, dando forma a un uniforme diseñado para aguantar bien los ataques aéreos, su especialidad.

¿Lo conocías?



Una de Superhéroes


En tiempos difíciles siempre ha habido algún soplo de aire ficticio que ha ayudado a la humanidad a refrescarse un poco. A veces provenía de la propaganda gubernamental, del denominado aparato, o sistema si lo prefieres, da igual, pero en otras ocasiones ha sido la creatividad de unos cuentos genios la que ha contribuido a levantar los ánimos. Ahí aparecen los superhéroes, con sus antagónicos villanos a los que machacar. Ellos han logrado mantener la moral muy alta en los momentos-crisis. Superman, Spiderman, Capitán América, Batman, Hombre de Hierro… hoy más conocidos y populares gracias a las superproducciones hollywoodienses.

Pero hay muchos más, cientos tal vez, conocidos, por desgracia, por un minoritario público que ha disfrutado y disfruta con las historias de enormes ilustradores como Stand Lee, Jack Kirby, Joe Simon, Larry Lieber, Don Heck o Bill Everet, entre muchos otros.

Y entre ellos, no son pocos los personajes que tienen que ver con pájaros y animales en general: Ave de Muerte, Ave de Trueno, Ave Nevada, Cabeza de Chorlito, Hombre Pájaro, Pájaro Burlón, Águila Dorada, Chica Halcón… y muchos más de los que probablemente no hayas oído hablar en la vida. Y mira tú por dónde que me dado por dar a conocerlos aquí ¿o es que acaso no es éste un blog de pájaros y pajarracos?.

Profundicemos, pues, en esta inexplorada relación ornitología-comics, uniendo la inspiración friki de ambos apasionantes submundos. ¿Te apuntas?


sábado, 17 de agosto de 2013

Un Chico Mendes español

Supongo que a estas alturas conocerás ya la historia del biólogo Gonzalo Alonso Hernández, ecologista asesinado (siempre presuntamente, faltaría más) por defender el Parque Cunhambebe, en Brasil.

Mira este enlace -como cualquier otro- para ampliar la información.

miércoles, 10 de julio de 2013

Se van los mejores

Hoy me ha llegado el número 77 de la revista El Ecologista, y nada más abrirla me encuentro con una página en la que aparece una fotografía del compañero Cándido. Me paro a leer el texto y de repente se me encoje el estómago: su imagen está en necrológicas.

Aunque no sirva de nada, el cuerpo me pide demostrarle públicamente mi afecto y darle las gracias por haberlo conocido. Con un abrazo muy fuerte para su familia y todos los compañeros de Baena.

Cándido Rodríguez, un histórico de Groden, batallador, educador y mejor persona.

Se van los mejores, ausentes de todo poder, abrazan la luna del amanecer (Pedro Guerra)

Va por ti, amigo.


lunes, 8 de julio de 2013

Una tarde de verano

Ayer tarde, en mi cotidiano paseo ocioterapeútico por el río me llamó la atención un grupo de siete niñas de no más de diez años sentadas en corro en el único espacio arenoso de los Sotos de la Albolafia. La dinámica fluvial ha creado una especie de microplaya en la margen izquierda, a veces usada por jóvenes saltarines que se dan cita en ese reducido espacio para ejercitar gemelos y cuádriceps.

Las siete niñas estaban allí, sentadas sobre una tela de picnic, ajenas al mundo, indiferentes al enclave en el que se encontraban: la mejor estampa de la ciudad de Córdoba. A su vera, una pata real nadaba contracorriente junto con sus dos patitos reales; un ruiseñor bastardo se dejó ver en la despoblada orilla; la garceta volaba rozando la lámina de agua, y un grupo de jilgueros pasó por las cabezas de los siete infantes, absortos en sus cosas.

Las niñas nada saben de Plataformas Ciudadanas, de Ríos Vivos, de obras forestales, de especies protegidas, del Monumento Natural, de la Confederación Hidrográfica, del Ayuntamiento o de la Junta, de molinos harineros, de museos, … de la historia del gran río de Andalucía. Lo que sí saben muy bien es que ayer por la tarde se lo pasaron como los indios en su particular refugio ribereño, donde probablemente compartieron su imaginativa visión de las cosas, disfrutando de un espacio que no se disfruta.


lunes, 17 de junio de 2013

Aves del Paraíso

Os dejo un enlace del vídeo Aves del Paraíso, con unas imágenes im-presionantes, como bien diría el conocido cómico+maltratador de toros.

http://www.youtube.com/embed/REP4S0uqEOc


sábado, 25 de mayo de 2013

Debajo del puente, en el río...

... hay un mundo de gente (Pedro Guerra. Tan cerca de mí, 1997)
 



Y ayer, en mi paseo de rehabilitación, haciendo éstas y otras fotos, vi gente como papamoscas gris, lavandera blanca, ruiseñor bastardo, carricero común, carricero tordal, carbonero, grajilla, estornino, gorrión común, verdecillo, verderón, jilguero, avión común, golondrina común, vencejo común, ánade real, cotorra, martinete, tórtola turca, paloma torcaz.

lunes, 13 de mayo de 2013

Un azor muy desvergonzado

El otro día estaba leyendo un libro de pájaros, para variar, y en la portada aparecía una elegante fotografía de un azor en vuelo. Desconozco cómo y quién había tomado la imagen pues, a decir verdad, me importa más bien poco; me basta con reconocer la espectacularidad de la misma. En ella aparecía un hermoso ejemplar volando a ras de un pinar repoblación, de esos que se hacían en épocas atrás.

Y ahí estaba yo, tumbado en un manto verde con muchas flores, inmerso en la lectura. Con impecable gusto y rigor técnico, el autor contaba cómo es la vida de esta rapaz, utilizando un estilo narrativo que consiguió que me sumergiera de inmediato en el relato. Tanto que el azor apareció junto a mí.

En efecto, allí estaba el animal sobrevolando mi cabeza a baja altura, observándome, hasta que finalmente se decidió a posarse a mi vera. Me quedé helado, no sabía si moverme o hacerle una foto con el móvil para después poder demostrar mi testimonio a los incrédulos; el caso es que opté por lo que me pareció más acertado: disfrutar del momento. ¿Cuándo se iba a presentar una ocasión como aquélla? probablemente nunca.

Me miraba fijamente, sin parpadear, y mientras tanto yo no era capaz ni siquiera de quitarme de encima a los molestos insectos que se empeñaban en fastidiarme ese instante. Así estuvimos un largo rato, no sé cuánto, y me da igual, hasta que de repente desapareció.

Sobresaltado eché mano al móvil a la búsqueda una incontestable prueba, a pesar de que sabía que no iba a encontrar nada. Corrí en balde por el lugar, buscando al menos su silueta en vuelo, pregunté a mis compañeros por si lo habían visto. Todos los esfuerzos resultaron estériles.

Hasta que de pronto reparé en mi libro, y allí estaba él, de nuevo. Había regresado a la portada, y yo a la lectura.



PD. Dedicado a quién él ya sabe.

jueves, 2 de mayo de 2013

Mi particular Big Year 2013




Cuando a finales de 2012 me enteré de que en España se iba a organizar el Big Year 2013, me dieron unas enormes ganas de apuntarme y participar. Era una buena excusa para salir más al campo -como si fuera necesario- pero sobre todo para viajar con el “solo” argumento ornitológico.

Las buenas pretensiones para el año entrante quedaron, como tantas veces, sólo en eso, en un afable propósito. Y si no, al dato: a fecha de hoy llevo registrada la alucinante cifra de nueve especies, que por su magnitud y relevancia me permito descifrar: gorrión común, avión común, vencejo común (supongo), garcilla bueyera, martinete, gaviota sombría, mirlo común, estornino común y verderón común.

Y es que mi paisaje diario desde navidad se restringe a un lienzo realista compuesto por una ventana, ocupada un 80-85% por el bloque del otro lado de la calle, y el resto, un maravilloso trozo de cielo por el que me desvivo para ver algo que vuele. La mayoría de las observaciones aéreas se las lleva, sin duda, los aviones comunes, pero los metálicos, que deben tener su ruta precisamente por mi cacho de ventana.

Así que uno se conforma con pocas alegrías, como la que ofreció ayer un espectacular macho de verderón común, que tuvo el arrojo suficiente para posarse en la antena de televisión de enfrente. Al instante, quise pensar que lo hizo por mí, bien para alegrarme la mañana, bien para incrementar significativamente mi check list. Pero no, creo que una vez más la casualidad se ha convertido en un aliado de mi despegada imaginación. Gracias, de todas formas.