De qué va esto

cuentos de pájaros... o no


lunes, 31 de marzo de 2014

Piquituertos en domingo

Caminamos en silencio. A nuestra derecha, un generoso matorral mediterráneo pone freno a la interminable campiña. A la izquierda, un pinar como dios manda. Las currucas acaparan casi todas las observaciones. Avanzamos. Observamos. Escuchamos. El deseado pájaro de pico retorcido no aparece. Es nuestro sino.

De repente, un sonido inanimado. Espera, dice ella. Atenta, busca su origen hacia la copa del árbol. Yo sólo la imito. Algo se mueve entre el mar de piñas. Mira allí, insiste. Un pájaro verdoso al fin se deja ver. Junto a él, otro. Y detrás, un tercero, éste anaranjado. Dos piquituertos y una piquituerta salvaron la jornada dominical. Objetivo cumplido.

martes, 25 de marzo de 2014

Tres comensales y una rubia


El comensal número 1 propuso aquel original sitio para homenajear a nuestros estómagos, y un restaurante circular de estilo quijotesco resulta, de entrada, una garantía.

El comensal número 2 hacía tiempo, al menos eso parecía; en realidad estaba conteniendo el rugir de sus jugos gástricos, someramente aliviados por un compañerismo caritativo.

El comensal número 3, ya en faena, no podía desprenderse de sus Nikon ni comiendo. Es lo que tiene esa dichosa enfermedad aún no descrita en los tratados médicos.

No faltaba nadie, aunque una silla vacía revelaba la posibilidad de un cuarto comensal. Pasaron algunos minutos, y al fin llegó. Era rubia, y a los tres dejó boquiabiertos.

Se quedó fuera, en un poste de madera, con una pose desinteresada, bañada por los generosos rayos de la tarde. La imagen permanecerá en nuestras retinas por mucho tiempo.

La collalba rubia quedó registrada como la especie número 182.

lunes, 17 de marzo de 2014

Cormoranes y cigüenas

Allá en el norte de Córdoba, en el lugar de los gansos del Nilo, los cormoranes comparten colonia con cigüeñas y garzas reales. Las perdiceras y reales conviven en vecindad, y muy cerca de allí, las grullas se cuentan a miles. Bueno, ya no.

Benditos Pedroches.

[Aunque la calidad sea pésima, sirva al menos de testimonio]

jueves, 13 de marzo de 2014

Bye, Crane


Hoy las he buscado. Pensaba disfrutar con los últimos trompeteos del invierno, deleitarme ante su presencia, siempre terapéutica. He escudriñado varios rincones frecuentados, pero no estaban. He mirado hacia el cielo, un baño de sol ha saneado mi blanquecino rostro, mas ninguna volaba. He agudizado mi menguado oído, esperaba la sinfonía de lo natural; y no.

Adiós.
Os deseo un buen viaje. 
Nos vemos en noviembre, aquí, en el Guadiato.

[Tomada de la web kimmistore.blogspot.com]

martes, 11 de marzo de 2014

Big Year 2014, en busca del pico menor

Primer intento.
Salimos corriendo a la conclusión de la jornada laboral para aprovechar el mayor número de horas (y minutos) de luz. Efectivamente, esto es lo que se llama una escapada agónica. Teníamos que verlo. En el lugar señalado, el río Guadalquivir, este bicho campa a sus anchas, así nos lo han reiterado varios amigos pajareros. Parece que todo estaba a nuestro favor, pues. Bastaba con un poco de paciencia ya que tarde o temprano aparece. Esa era la consigna. Pero nuestros iris concluyeron la jornada irritados y las retinas huérfanas de carpinteros. El menor de los picos, no quiso aparecer.

Segundo intento.
Esta vez bocata devorado en el coche para estirar aún más el poderío del sol. Un bicho así hay que llevárselo en el cuaderno, y nosotros estábamos allí con el deseo y la seguridad de inaugurar una página en las anotaciones bigyearianas. La emoción y algo de nervios son siempre la antesala de un registro que se prevé seguro. Una hora, dos. Amenaza el crepúsculo, y el maldito bicho no se deja ver.

Tercer intento.
Hoy el refrán está de nuestro lado. Hemos quedado con Miguel y Juan que buscan inmortalizarlo con sus desproporcionados pepinos fotográficos. Hace una buena tarde al fin. La intensidad de los primeros momentos poco a poco va dejando paso al relax, la charla y casi al olvido de que estábamos allí para algo. La jornada está a punto de liquidarse. Al fondo, en un árbol seco, intuyo un bicho, tal vez la última esperanza. Me apoyo en la baranda del puente para asegurar, escaneo el árbol, y allí, cuasi mimetizado con la podredumbre del tronco estaba él: ¡el p… pico menor!

[Foto de Miguel C. Casaut]

jueves, 6 de marzo de 2014

Big Year 2014, escudriñando patos en la Dehesa de Abajo

Parece que hoy va a salir el sol, dice mi compa con sus ojos verdes aún semiabiertos. La soleada y huracanada playa doñanera nos regala, por madrugar, un grupo de unos 300 negrones comunes. Parece que el cristiano refrán se cumple algunas veces.

Pero sol, poco, y viento, más, así que los proyectiles de fina arena justificaron nuestra huída tierra adentro. Parada obligatoria en la Dehesa de Abajo; teníamos referencia de un pequeño grupo de porrones pardos en la laguna de la Rianzuela. Había que llevárselos… y nos los llevamos en nuestro cuaderno: dos machos y una hembra junto a un grupo de cercetas pardillas. Una joya.

Con tanto ser vivo flotando, merecía la pena echar una peoná alrededor de lo andable de la laguna. Más de cien tarros blancos mezclados con cucharas, azulones, colorados, rabudos, porrones comunes, fochas, flamencos, moritos, cigüeñuelas, avocetas… y un grupo de unas 400 agujas colinegras. Los bandos de limícolas, muy generosos, son dados a acoger en su seno a otros limícolas, así que no estaba de mal escudriñar entre tanta cabeza con proyección de pico largo. Y allí, entre algunas agujas con incipiente plumaje nupcial, se encontraban varios combatientes con aspectos muy diferentes.

El día concluyó con las primeras garcillas cangrejeras de la temporada, literalmente ancladas a los canales de Isla Mayor para no salir desprendidas con el fuerte viento.


[Fotos de pésima calidad, pero testimoniales al fin y al cabo]

martes, 4 de marzo de 2014

Big Year 2014, un inesperado encuentro en el Odiel

No recuerdo qué hora sería, pero la mañana estaba prácticamente concluida. Tan sólo faltaba el repaso de algunas balsas del principio, para escudriñar entre los bandos de gaviotas y limícolas que buscaban refugio del enojoso viento. Allí, en el borde mismo de un generoso fanguizal, me encontraba de pie desprendiéndome del líquido que me sobraba, al tiempo que hacía florituras para eximir del riego a mi propio cuerpo. Un coche se aproxima, me doy prisa, pero es demasiado tarde; suena el claxon, el típico gracioso, supongo. Aparca a mi lado, salen del coche tres individuos raudos hacia mí, vociferan. Sorpresón: Floren, David y Trini, que llevaban ya varios cientos de kilómetros en su columna. Estaban, como nosotros, haciendo el Big Year.

Intercambio de observaciones y batallitas. Pues nosotros acabamos de ver un colimbo grande, les decimos. Seguimos la conversación, hasta que Floren, impaciente, no puede más. Podemos seguir hablando, sentencia, pero mi cabeza está en ese colimbo. Adiós. Y como vinieron, desaparecieron, aunque yo me encontraba ya más ligero.


Marismas del Odiel aportó ese día sólo una pagaza piquirroja, localizada gracias a la gentil información de un guiri, con el que nos entendimos en latín. Disfrutamos, no obstante, del pose de no pocos págalos grandes, alcatraces y del susodicho colimbo, trincado días atrás en Santoña.

"Colimbo en frigorífico", obra de la artista local Isabel Rodríguez