De qué va esto

cuentos de pájaros... o no


viernes, 30 de mayo de 2014

Todos somos bigotudos


Al principio se mostraba un poco receloso. No entendía bien qué hacía yo allí, en medio de un inmundo carrizal, rodeado de fastidiosos mosquitos siempre afanados en sorber deliciosas venas. Finalmente se acercó, me miró de manera furtiva oculto entre la vegetación, y se decidió. ¿Por qué no tienes bigote? Yo no entendí muy bien de dónde venía aquella aguda voz. Escudriñé el lugar, pero no había nadie, la soledad buscada había triunfado, y aquel humedal estaba carente de almas humanas.

¿Por qué no tienes bigote? insistió. Mi estrecho cerebro no me permitía aceptar que aquel pajarillo estuviera dirigiéndose a mí. Por educación, acabé atendiéndolo. Hola, le dije, no comprendo a qué viene tu pregunta. Pero insistió, eres macho ¿no?, sí claro, le respondí de inmediato al sentir cuestionada mi virilidad. Pues aquí todos los machos llevamos bigote ¿es que no te has dado cuenta?.

Quería decirle que sí, que lo sabía de sobra, incluso se me ocurrió soltarle una parrafada sobre la biología del bigotudo, pero reprimí el impulso. Aquello me resultaba absurdo, a mi experimentada edad me encontraba hablando con un pájaro y quién le cuenta eso a sus amigos.

Sé que eres un bigotudo, resolví, la enorme bigotera negra te define; y a continuación enlacé con una perorata tal vez para no sentir insultado mi orgullo de ornitólogo. No entiendes nada, dijo interrumpiéndome con elegancia, te he dicho que aquí todos los machos llevamos bigote. Me desorientó por completo, lo reconozco. Bebí un poco de agua para tratar de relajarme y poner orden en mi cerebro. Mira pequeño, le dije al fin, incorporándome, pero ya no estaba; busqué con los prismáticos y grité su nombre con fuerza: ¡¡bigotudo!!

Al instante salieron del submundo del lodazal miles de pájaros acudiendo a mi llamada: cientos de bigotudos carricerines, bigotudos carriceros, bigotudos rascones, bigotudos ruiseñores y bigotudas buscarlas. Y junto a mí, ahora sí, el bigotudo, que me miraba pretencioso: ¿entiendes ahora?


[Imagen tomada de la web
www.elcamperoinquieto.com
a quien le doy las gracias]

martes, 27 de mayo de 2014

A por el roquero rojo

- Parece que hoy no nos vamos a mover de aquí.
- Sí, hace frío, por fin. Estoy ya un poco harto del calor. Con tanta temperatura se me calientan los huevos, y a mi mujer no le gusta.
- ¿El calor o que se te calienten los huevos?
- No, los huevos.
- ¿Delicada, no?
- Tiene razón. El año pasado fue excesivo, y al final la cosa no funcionó.
- Entiendo. Mira allá abajo, humanos andando, con el frío que hace.
- Ni caso, vamos a seguir durmiendo.

Con el transcurso de la mañana, el viento cesó, la niebla se esfumó y las nubes comenzaron a desaparecer. Los rayos de sol pasaron en un santiamén de lo agradable a lo odioso. Y el calor llegó.

- Mierda, mis huevos.
- No te agobies, vamos a volar un poco. Mira, allí vienen de nuevo los humanos.
- Se han parado. Parece que nos miran.
- Seguro que es Floren, que se ha traído a varios amigos. Viene todos los años. Voy a saludarlos.

El roquero levantó el vuelo encima del cortado calizo para a continuación dejarse caer suspendido. El revuelo no se hizo esperar entre el grupo de portadores de prismáticos.

- Voy a censarlos. Uno, dos, tres… cinco machos y tres hembras.
- Perdona. Cuatro machos adultos, un joven y tres hembras.

- Parece que se han cansado de observarnos. Ahora están mirando a esa engreída de la collalba rubia.
- ¡Tiene huevos!
- ¿Quién?
- Mi nido. Me voy volando que se calientan.



[Observadores observados... y censados]

lunes, 26 de mayo de 2014

Visita exprés a la Mancha Húmeda

Madrugar (mucho) en fin de semana tiene delito.
Hacerse 650 kilómetros en un día tiene delito.
Pegarse tanta paliza para registrar sólo una especie nueva tiene delito.

Eso no lo entiende ni la familia ni los amigos. En realidad nadie, salvo otros perturbados que se han dejado engatusar por el narcótico Big Year.

Pero así fue. La jornada de reflexión previa a las europeas sirvió precisamente para eso: reflexionar sobre si ir a por el bigotudo o intentar trincar al vencejo cafre.

Manjavacas, nuestro principal destino, no decepcionó, y llenó nuestros oculares de bigotudos.
Retinizado queda.

251

[Ejemplar macho de bigotudo]