De qué va esto

cuentos de pájaros... o no


domingo, 7 de enero de 2018

Palencia y Cantabria

Primera escapada del año y cómo no, hacia el norte, que se echa de menos. El día 1 de enero, con la resaca gástrica propia de la agonía gastronómica de estas fechas, zumbamos para arriba, sin rumbo definido de antemano: hasta donde nos pille la noche. Y nos pilló ya por Valladolid, así pues qué mejor destino que amanecer en la Laguna de la Nava. Allí cerramos el Big Year de 2016 con excelentes recuerdos, y allí íbamos a empezar a pajarear en 2018. Totalmente seca salvo en la parte que se deja ver al fondo del excelente observatorio de dos plantas, donde no les queda más remedio a las anátidas que refugiarse. Y allí, junto con los pocos ánsares comunes, pudimos observar dos ánsares indios, barnaclas cariblancas, un grupo de ánsares caretos... y un zorzal real que nos sorprendió.

En la balsa de Herrín de Campos nos esperaba un ánsar campestre. Animal maldito que se nos ha resistido durante varios años tras su busca y captura por tierras castellanas. Así que invertimos no poco tiempo con nuestro limitado telescopio escudriñando los pocos cuellos que permanecían descubiertos entre el numeroso grupo de ánsares. El viento ayudaba poco a tan cegadora labor, pero al final conseguimos verlo y disfrutarlo en la distancia. Primer bimbo del año.

En esas latitudes, la opción Santoña parecía muy sugerente, y más en estas fechas, así que carretera y manta. Pero antes habíamos leído que en las Marismas Blancas de Santander se estaba viendo una hembra de porrón osculado y una pareja de porrones acollarados. Imposible no resistirse. Antes de que cayera la luz conseguimos ver a la primera pero ni rastro de los yankis. Segundo bimbo.

Hembra de porrón osculado junto a frisos

Cisne vulgar en Marismas Blancas

Pernocta en Langre, a escasos 200 metros de donde se estaba viendo un bisbita gorgirrojo, aunque se cuestiona si realmente se trata de un bisbita pratense con plumaje particular. Desde luego las citas como gorgirrojo se acumulan en Reservoir Birds. Pocos minutos tardamos en localizarlo para sorpresa propia porque aquello estaba lleno de bisbitas. Tercer bimbo.

Bisbita gorgirrojo

Playa y acantilados desde el mirador de Langre


Un azor nos sorprendió a nuestro regreso al alojamiento para "colacaoquear" el estómago

Había que intentar de nuevo los porrones acollarados, pero de paso escudriñamos lo que pudimos de la bahía de Santander (arenal de Somo, puerto de Pedreña, ensenada de San Bartolomé). Entre los abundantes silbones y rabudos pudimos observar una hembra de negrón común, y cerca de Raos un colimbo grande. Pero ni rastro de los acollarados que se presuponía estarían camuflados entre los moñudos.

Ensenada de San Bartolomé
Al fondo, Santander. Junto a la zona industrial campeaba el colimbo grande

Después de un homenaje de rabas, pulpo y mejillones nos dirigimos a Santoña, pero teníamos pendiente conocer cabo de Ajo. Lugar muy recomendable, aunque ahí no vimos nada particular.

Algunas "olillas" en Cabo de Ajo
 
Cabo de Ajo

El amanecer en Santoña nos citó en el mirador de Cicero buscando el zarapito trinador americano, que no vimos hasta una nueva visita por la tarde, y después de escanear todos los zarapitos que por allí abundan, trinadores y reales. Cuarto bimbo.

Zarapito real repleto de anillas de colores

La imagen más decente que captamos de zarapito trinador americano
 Y a partir de ahí, el recorrido de rigor: Treto, Canal de Ano, Montehano, Gandarias, Arenillas, Bengoa, playa de Berria y puerto de Santoña. No faltaron a la cita anual las barnaclas carinegras, colimbos grandes y chicos, zampullines cuellirrojos, cormoranes moñudos, con la particularidad de que junto a ellos se puede observar un macho de eider que lleva ya un tiempo asentado por el lugar (fácilmente localizable desde el puerto de Santoña).

Macho de eider
Colimbo grande dando cuenta de un lenguado en pleno paseo marítimo
Antes de que acabara el día, y con las tareas hechas en Santoña, decidimos regresar a Marismas Blancas. Nuestro amigo Antonio Sanz acababa de ver al macho de acollarado, así que había que intentarlo. Y lo vimos, al fin, aunque durante muy poco tiempo y sin posibilidad de sustraerle un testimonio gráfico. Quedaba la luz justa para intentar agónicamente observar la gaviota polar que se estaba viendo en el arenal de Somo, y allí estaba, aunque lo suficiente lejos y deficiente luminosidad como para no poder obtener una imagen. Quinto bimbo.

Mi gordo estudiándose la guía
 
Póker de bimbos. No hay mejor manera de empezar el año.