De qué va esto

cuentos de pájaros... o no


domingo, 28 de agosto de 2011

El intreparriscos

Dibujo tomado de internet. Desconozco el autor/a

Aquella mañana lo tenía todo en perfecto orden. Mochila no demasiado pesada, cargada con el material de observación e identificación básico, y bastón ligero para la mano derecha. A mi cabeza venía la emoción del principiante, cuando con aquellos Super Zenith 20x50, perfectos para corroerse los ojos, y mi primera guía, la de Peter Hayman que aún conservo, andábamos un montón de kilómetros a la búsqueda de nuevos hallazgos pajariles. No olvidaré el cosquilleo en el estómago y pulso acelerado cuando ante nosotros se presentó una collalba negra en el secarral fluvial del Bailón, o la primera vez que vimos un acentor común en los llanos de Santo Domingo, Palomera arriba. Era el año en que el país estaba ya medio atontado delante del cuadrilátero televisivo viendo el mundial de naranjito.

Las posibilidades eran cuasi infinitas, los cortados rocosos dominaban el paisaje, alegrado siempre por buitres y chovas, y un tapiz verde de hayas que te sumergen en un mundo muy diferente al que uno está acostumbrado, ese que está lleno de chicharras cantoras de efectos sicológicos devastadores. Así que con los Nikon 8x30 comenzó el barrido de cada pared, cada piedra, cada matojo suspendido hacia el menos infinito, a la búsqueda agónica de mi primer ejemplar de ese pájaro de pico curvo y alas rojas que ni siquiera quiero nombrar.

Conforme avanzaba el día, el escaneado de tanta piedra iba perdiendo fuerza aunque sin merma de la ilusión. A veces, uno se tropezaba con un quebrantahuesos posado, con marcas alares, que invitaban a su identificación. De esta manera se mitigaba un poco el hartazgo de tanta caliza y las numerosas falsas alarmas que provocaban aviones roqueros y colirrojos. Dan vidilla los quebrantas, sí, pero uno no iba en su búsqueda.
 
Fueron varios días de persecución en lugares diferentes, incluso recomendados por algunos lugareños. La espectacularidad de los valles pirenaicos quedó sin embargo ensombrecida por la inexistencia del innombrable, que se perdió, para su desgracia, la posibilidad conocer a unos cordobeses entusiastas.

La próxima vez, si quiere, tendrá que venir a las Subbéticas, igual nos dignamos a conocerlo.

PD. ¿Algún pajarero/a ha conseguido ver al innombrable? ¿Where?. 
Thanks