¿Están colocando las plantas fotovoltaicas en los mejores territorios para las aves esteparias?
La expansión de la energía solar fotovoltaica forma parte de una transición energética necesaria para reducir las emisiones de gases de efecto invernadero. Pero la forma y, sobre todo, el lugar en que se despliegan estas instalaciones puede generar nuevos conflictos ambientales. En Andalucía, uno de ellos afecta de lleno a algunos de los paisajes agrícolas más valiosos para las aves esteparias.
Un estudio publicado en Ardeola ha analizado hasta qué punto las instalaciones fotovoltaicas existentes se solapan con las zonas ambientalmente más favorables para tres especies amenazadas: avutarda común, sisón común y aguilucho cenizo. Su principal resultado es difícil de ignorar: en 2020, más de la mitad de las cuadrículas con plantas fotovoltaicas se encontraban dentro o junto a áreas de elevada favorabilidad para al menos una de estas especies.
Un mismo territorio para producir energía y conservar aves
El conflicto tiene una explicación territorial bastante sencilla. Las grandes plantas fotovoltaicas requieren, preferentemente, terrenos llanos o de escasa pendiente y con poca cobertura vegetal. En Andalucía, esas características coinciden con frecuencia con cultivos herbáceos de secano, pastizales y otros ambientes abiertos que constituyen precisamente el hábitat de numerosas aves esteparias.
Raimundo Real y otros autores estudiaron la distribución de avutarda, sisón y aguilucho cenizo a partir de censos realizados durante las dos últimas décadas. Después construyeron modelos de favorabilidad ambiental incorporando factores relacionados con el clima, la topografía, los usos del suelo y determinadas variables asociadas a la actividad humana. La unidad de análisis fue una cuadrícula de un kilómetro de lado.
La idea no era simplemente dibujar dónde se habían observado las aves, sino identificar qué partes del territorio reunían condiciones especialmente favorables para ellas. Los modelos mostraron tres grandes áreas de interés: buena parte del valle del Guadalquivir, determinadas llanuras interiores de Granada y Málaga y sectores del norte de Córdoba, incluidos Los Pedroches y el valle del Guadiato. Entre las variables que aparecieron de manera más consistente destacó la presencia de cultivos herbáceos, relacionada positivamente con las tres especies.
Más de la mitad de las instalaciones, en zonas de conflicto potencial
Al superponer esos mapas con la distribución de las instalaciones fotovoltaicas registrada en 2020, los investigadores encontraron que el 56,27 % de las cuadrículas con plantas solares estaba situado dentro o junto a zonas de muy alta favorabilidad —definidas en su investigación como aquellas con valores superiores a 0,8— para al menos una de las tres especies.
El patrón no fue homogéneo entre provincias. Sevilla concentró el mayor número de zonas favorables afectadas y casi la mitad de las instalaciones andaluzas consideradas potencialmente conflictivas. Además, más del 70 % de las instalaciones de Sevilla, Cádiz, Granada y Málaga se situaban en áreas altamente favorables o en sus inmediaciones. En Almería, por el contrario, el estudio no detectó este solapamiento con las zonas de máxima favorabilidad.
Desde el punto de vista de las aves, algo más del 9 % de las áreas de alta favorabilidad tenía una planta fotovoltaica dentro o en una cuadrícula contigua utilizando el umbral de ocupación más inclusivo del trabajo. Los porcentajes fueron semejantes para avutarda, sisón y aguilucho cenizo por separado.
Solapamiento no significa necesariamente impacto demostrado
Conviene interpretar correctamente estos resultados. El estudio demuestra una coincidencia espacial entre instalaciones fotovoltaicas y territorios especialmente favorables para las aves, pero no mide directamente la mortalidad, el éxito reproductor ni la reducción poblacional causada por cada planta.
De hecho, los propios modelos identifican una superficie favorable considerablemente mayor que aquella en la que las especies fueron registradas durante los censos. Su capacidad para distinguir zonas favorables y desfavorables fue elevada y, en general, pudieron anticipar adecuadamente los censos posteriores, pero presentaron también una elevada sobrepredicción. Esto obliga a entender los mapas generados como herramientas para identificar áreas de conflicto potencial, no como una fotografía exacta de la ocupación de cada especie.
Planificar antes de ocupar
La principal utilidad del trabajo es precisamente preventiva. Si conocemos de antemano dónde se concentran las mejores condiciones para avutardas, sisones y aguiluchos cenizos, la ubicación de nuevas instalaciones puede incorporar esa información antes de que el conflicto exista.
La transición energética y la conservación de la biodiversidad no son objetivos incompatibles, pero tampoco se concilian automáticamente por el hecho de producir energía renovable. En paisajes agroesteparios ya sometidos a múltiples transformaciones, decidir dónde no instalar determinadas infraestructuras puede ser tan importante como decidir dónde instalarlas. El estudio andaluz aporta una herramienta para que esa decisión se tome con una perspectiva territorial más amplia y con las aves esteparias incorporadas desde el principio a la planificación.
REFERENCIA:
Real, R., Camacho-Romero, M., Cobos-Mayo, M., Román Muñoz, A., de las Heras, M., Olivero, J., Márquez, A. L., & Farfán, M. Á. (2026). Most solar photovoltaic facilities in Andalucía (Southern Spain) are affecting areas that are highly favourable for threatened steppe birds

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