De qué va esto

cuentos de pájaros


sábado, 3 de junio de 2017

La luz de la luciérnaga

Pocas veces tiene uno la oportunidad de conocer al autor de uno de esos libros con los que aprendes y disfrutas. Yo lo he intentado y triunfado con David Álvarez. Gracias, amigo.

En esta nueva entrega, ahora felizmente dedicada, uno ha crecido en su formación. Se trata de uno de esos manuales de conservación muy útiles, entre otras cosas, por poder ser utilizados como recurso didáctico. Y es que David aborda temas muy diversos: insectos, anfibios, peces, aves y curiosidades, muchas, que hacen de la lectura un encuentro muy ameno con el mundo de las letras.

La guinda, una nueva entrega del curso de ética periodística, pone en evidencia el frecuente tratamiento que hacen muchos medios de comunicación sobre problemas de conservación muy importantes, como es el caso del oso, del lobo o los incendios forestales. Y como muestra, un botón: "las heces de pájaros amenazan los ríos", un titular aparecido en el periódico de mayor tirada en Asturias, la Nueva España. Ahí lo llevas.


sábado, 18 de marzo de 2017

Apuntes de conservación biológica

Ahora le toca el turno a Joan Mayol, que ha publicado también en la prolífica y admirable editorial Tundra sus Apuntes de conservación biológica, un libro interesante en el que plasma su particular visión del asunto, y con el que he aprendido mucho sobre la insularidad y sus efectos en la dinámica de los ecosistemas. Currucas, pardelas, sapillos, halcones de Eleonora, águilas pescadoras, buitres negros y cormoranes moñudos, adaptados a la vida en las islas. Y cómo las ratas, cabras asilvestradas, culebras, tortugas americanas, perros y gatos, tienen efectos perniciosos en un medio tan frágil y vulnerable. Por no hablar de la presión turística, la urbanización y fragmentación del territorio.

En definitiva, un pequeño tratado de conservación, muy centrado en los efectos de la insularidad en la conservación de las especies, con datos y anécdotas muy curiosas, como los estofados de pardelas, que tienen un sabor especialmente fuerte y por ello hay que hervirlas varias veces, el sabroso arroz que se guisaba con los pollos de halcón de Eleonora o la repugnante carne del cormorán moñudo.



sábado, 11 de marzo de 2017

Los vencejos sueñan despiertos

Dice David Alvarez, al hilo del título que ha elegido para este excelente manual, que "si no tuvieran que reproducirse no se posarían jamás, volarían sin descanso hasta el día de su muerte". Edgar Allan al estilo puro. Me encanta.

Ya me hubiera gustado haber contado con él cuando por aquel año.... estudié la asignatura de Etología en cuarto de carrera. Desde entonces se ha avanzado mucho, lógicamente, pero en ese tiempo se echaba en falta una herramienta divulgativa como ésta. Etología, ecología, conservación y crítica, una mezcla de ingredientes perfecta para hacer de esta publicación un texto atractivo, muy útil y de fácil comprensión.

Muy recomendable. Tanto que ya tengo en mi mesita de noche su continuación, la Luz de la Luciérnaga.



martes, 28 de febrero de 2017

Yo, Helíaca

Últimamente tengo una productividad lectora que hacía tiempo no desarrollaba. Una forma como otra cualquiera de combatir la ansiedad cotidiana, tal vez. El último libro que ha caído ha sido el de Iñigo Javaloyes, un facebookfriend, al que le tenía ganas; no al bueno de Iñigo, claro, sino a su obra. 

Yo, Helíaca se puede leer de un tirón, y eso lo agradezco. Te puedes acoplar cómodamente una dominical mañana a la luz de la ventana y no despegarte del asiento hasta tener las tareas acabadas. El relato enseña una buena lección de biología, de la vida en el monte mediterráneo, de la difícil supervivencia de las aves, aparentemente felices a los ojos del observador. El autor consigue que empaticemos con Helíaca, pero también con numerosos personajes alados que en algún momento se relacionan con nuestra protagonista.

El relato se embellece con versos y palabras ingeniosas que denotan un buen conocimiento de la vida de las aves, poniendo voz y pensamiento a urracas, ogralíbares (rabilargos), serines, zorzales y tejones. Pero me quedo con uno, Luctuoso Oliván, un buitre leonado cantor que imita al chochín, acentor, mirlo, zorzal, y otros más, colirrojotizoneando cuando los demás lo dejan. ¡Qué arte!



sábado, 25 de febrero de 2017

Estorninos

Escribo esto casi a tiempo real, ni siquiera se muy bien por qué. Acabo de bajar de la azotea imbuido un día más en cotidianas labores de ornato y decencia. Allí, tendiendo el atuendo castigado de la semana, llama mi atención un sonido del cielo. Rara actitud para mi sórdida audición. Pero hoy no ha sido así, mi cadena de hueceillos ha tenido a bien dejarme escuchar el rumor de un grupo infinito de estorninos negros en su camino al cercano dormidero del Guadalquivir. Me ha vuelto a conmocionar, lo reconozco. No acabo de acostumbrarme a los dibujos pintados con maestría por un acorde soberbio. Y no quiero.

[Imagen tomada de internet. Gracias al desconocido autor]

lunes, 30 de enero de 2017

Sisón, ave del año, por fin

Aquella noche dormi mal. No puedo decir que fuera en blanco, mentiría, pero sí harto incómoda. Ciertos tintes obsesivos se adueñaron muy pronto de mi mente ante la posibilidad de no oír el odiado despertador. Había quedado muy temprano, a esa hora en la que los murciélagos campan a sus anchas por la ciudad y los mirlos permanecen hiperactivos aprovechando la luz de las farolas. Por delante me esperaba un día lleno de sorpresas, o al menos esas eran mis expectativas. Me enfrentaba nada menos que a mi primer censo de avutarda.

No recuerdo su número ni siquiera el lugar donde lo apunté, da igual, pero jamás olvidaré que ese día vi el bando más grande de sisones de toda mi vida pajarera. Pasaba la centena, eso sí lo sé, un grupo enorme que pastaba entre las incipientes siembras de lo que antaño fue la laguna más importante de la comarca.

Desde aquel día, y de eso ya hace bastantes años, he pasado por aquel paraje y otros cercanos en los que los sisones siempre han alegrado el paisaje visual y sonoro. Jamás he vuelto a ver un número de ejemplares tan numeroso. A lo sumo algunos individuos dispersos, afortunadamente desconfiados.

El sisón ha desaparecido ya de mi mapa del mundo en el que me nutrí y aprendí de lo natural. En contados enclaves quedan ya, tal vez contando los días para que un milagro del altísimo evite lo inevitable.

[El último bando de sisones, visto hace una semana]

domingo, 29 de enero de 2017

El Solitario del Desierto


Reconozco que me costó iniciarme: una profusa descripción del desierto que no sabía dónde me iba a conducir. Pero más pronto que tarde captó mi atención. A partir de ahí caí sumergido en una deliciosa radiografía de un mundo aparentemente vacuo, inerte, sudoroso, incompatible con la vida. Edward Abbey, con un estilo literario muy sugerente, tiene la capacidad de atraparte, y te consume hasta un irremediable final al que no deseas llegar. Acabas amando al desierto y a todas sus gentes, el insignificante artrópodo, la sórdida planta que vive en lo imposible y la turmalina caída desde la colina de Salt Creek. Deseas verlo, estar allí, bañarte en el Gran Cañón, escalar al Tukuhnikivats, cabalgar por Sleepy Hollow o fundirte con el paisaje en el mirador del Laberinto.

Literatura elegante que te transporta a los viajes de los naturalistas de dos siglos atrás, llenos de belleza, audacia y acaso ingenuidad, con una carga de aventura que se remata con una aguda y acertada crítica a la modernidad de la época. Muchos de los lienzos dibujados con la elegancia de las letras hoy ya no existen, sepultados por grandes presas, diseccionados por autovías o sustituidos por irreversible cemento.

La crítica mordaz, la ironía y el afilado humor de Abbey hacen del “Solitario del Desierto” un atractivo tratado del inmenso secarral americano, con proféticos pensamientos que cincuenta años después han acabado por cumplirse. Ya podía haberse equivocado.







sábado, 28 de enero de 2017

Guiri Pajarero Suelto



Envidia. Esa es la primera palabra que se me vino a la mente cuando concluí el libro de Andy. Envidia de la buena, sí, porque entre mis numerosos defectos no está precisamente éste, pero envidia al fin y al cabo. En ella tiene que ver los lugares que ha tenido ocasión de visitar y sobre todo las aves que han impregnado sus retinas, y que ahora comparte con el resto de humanos.

Cuando me enteré de la publicación de la biografía pajarera de Mr. Paterson, mi yo cotilla me susurró al oído, ese libro tienes que leerlo. Y se lo pedí a los reyes. Me gustan las biografías, lo reconozco, pero nunca había leído una de un pajarero, con lo cual tenía para mí un doble aliciente. El libro se lee fácil y rápido, lo cual se agradece, y se disfruta porque te transporta a muchos sitios, algunos, no pocos, muy desconocidos para mí, por lo que he tenido que recurrir a internet para hacerme una idea de por dónde andaba Andy en sus correrías pajareras. Es lo que tiene mi incultura geográfica.

Agradezco la iniciativa del editor y el buen hacer del autor. Lamentablemente no se prodigan este tipo de publicaciones que, si bien están destinadas a un público minoritario, revisten gran interés en cada vez un mayor número de personas. Afortunadamente, añado. El lector sensibilizado con las aves disfruta mucho con las aventuras de los compañeros, que comparten -y restriegan, en el buen sentido-, observaciones alucinantes, de esas que aparecen de vez en cuando entremezcladas en los sueños del coleccionista de sensaciones. Qué es si no la ornitología.




Salud, Andy, que no falte nunca. Muchas gracias por hacer tu vida ornitológica un poco más pública, y a seguir así que todavía queda mucho por ver. See you.

miércoles, 25 de enero de 2017

Por la Vía Verde de la Maquinilla

Salida dominical por la vía Verde de la Maquinilla. Agradable y corto paseo entre Peñarroya y Belmez en el que se puede disfrutar de bastantes especies de aves en estas fechas. La vegetación espontánea que ha crecido en el borde de las escorias mineras constituye un excelente refugio y zona de alimentación de paseriformes, acentuando el efecto borde con los cultivos circundantes. La pequeña dehesa que queda cercana favorece la observación de especies forestales, enriqueciendo aún más la lista de pájaros.

A un lado quedan los bandos de alondras, avefrías, bisbitas pratenses, cogujadas comunes, lavanderas blancas y algún chorlito dorado, y al otro colirrojos tizones, urracas, verderones, verdecillos, tarabillas, trigueros, estorninos negros y currucas cabecinegras. Y todo ello sonoramente adornado por el trompeteo de las grullas.

Animo a cualquier persona que le guste caminar, a utilizar este itinerario magníficamente acondicionado por iniciativa de la asociación La Maquinilla (http://lamaquinilla.blogspot.com.es), y a los usuarios habituales de esta vía a que reparen en las aves. Disfrutarán aún más del paseo.

[Macho de tarabilla común]
 
[Bando de calandrias. Foto de Juan Manuel Delgado]
[Grupo de estorninos negros]

jueves, 19 de enero de 2017

Avetoros a punta pala

Ilusiones ópticas aparte, el número de avetoros que he visto hasta el pasado mes de diciembre asciende a la friolera de un ejemplar. U N O. Fue en noviembre de 2014, gracias al mérito del amigo Javier Salcedo. Sin su compañía y excelente vista jamás hubiera mirado hacia donde estaba aquel individuo, perfectamente camuflado entre los rastrojos de arrozal. Embutido en un surco empapado y cazando lo que intuí eran cangrejos.

Pero este año la cosa ha cambiado bastante, tal vez debido a la fortuna, el buen hacer o un excelente año avetoroide. Da igual. El caso es que el 19 de diciembre vi dos ejemplares diferentes o, quién sabe, un mismo individuo que, harto curioso, decidió seguir la estela de nuestro vehículo para disfrutar una segunda vez con nuestra alelada jeta. Y varios días después un tercero, éste en condiciones lumínicas un tanto pobres, in extremis, pero con la crepusculidad suficiente como para que quedara inmortalizado, aunque eso es lo de menos.

Doñana en estas fechas es una delicia para el observador de aves. Afortunadamente hay algunos recorridos que se pueden hacer de forma libre, disfrutando del paisaje, de la luz, del sonido de la marisma, del aire impoluto acariciando el rostro. Ahora me falta escuchar el profundo mugir del avetoro, algo muy difícil para un cuasi sordo. Pero todo llegará.



[fotografías del primero de los tres avetoros observados, cedidas generosamente por mi hermano]