De qué va esto

cuentos de pájaros


viernes, 30 de marzo de 2012

El espíritu de Marsellus Wallace

Hace poco me comentaba un amigo que estaban robando muchas bicicletas en Córdoba para venderlas en otras ciudades, y viceversa. Doy fe. El 27 me sisaron la mía. Llevaba 20 años con ella, así que para un amante de los velocípedos como yo, este hurto supone algo más que un dolor. Y no hablo precisamente de dinero.

Mi Amerbike estaba en peligro de extinción. Nunca llegué a ver otra igual, y no por su calidad o belleza. No sé qué voy a hacer si algún día la veo con un mamón encima. Si estuviéramos en América y estuviera más desequilibrado de lo que estoy, probablemente le metería un Magnun 44 por el sieso. Mi abogado alegaría defensa personal combinada con algún comportamiento esquizoide de esos que están catalogados y no estaría en la cárcel ni un fin de semana. Aunque depende del Estado, porque igual me podrían freír vivo, y más siendo hispano.

No es, desde luego, mi caso, aunque mi imaginación me lleva a determinadas secuencias de Pulp Fiction que prefiero no reproducir aquí para seguir proyectando una imagen de cordura. Espero al menos que también se la roben al ladrón, y al ladrón del ladrón, así, al menos, podrá disfrutarla mucha más gente, y de paso se joden un poco.

Atento, pues, amigo conductor; ya lo decía la sabia Perlita de Huelva. Si eres poseedor del sistema de transporte más ecológico jamás conocido, no olvides redoblar los esfuerzos en amarre y protección: candado del 15 y "caenón" de esos que van colgados al pescue de los Yeremi. 

Y que la suerte te acompañe. Mientras, yo seguiré soñando con Vicent Vega, Marsellus Wallace, el Señor Lobo y demás desequilibrados. Al menos consuela.

viernes, 16 de marzo de 2012

Coleccionable de literatura ornitológica



Los cuentecillos o relatúzculos que aparecen de vez en cuando serán, siempre que sea posible, caseramente maquetados en formato libro, y colgados aquí al lado en pdf para su libre difusión. Se inicia así una colección de literatura ornitológica, de carácter inédito al tiempo que paranoico, que tiende al infinito, en "volúmenes", digo.

Espero que te gusten.

miércoles, 14 de marzo de 2012

La calandria de no quería calandriar

Nació diferente. Fue el último en eclosionar de los seis huevos que tuvo su mamá. Aquel fue un año de lluvias frecuentes y solecito agradable, lo ideal para el crecimiento de plantas y de animalillos apetitosos para estos cantores de la estepa. Le llevó lo suyo romper la dura cáscara oval, tanto que su madre casi lo daba por perdido, pero en el último momento lo consiguió. Sus progenitores habían tomado la decisión de llevarse ese huevo muy lejos del nido, así que se puede decir que, a pesar de todo, nació con suerte.

El ambiente familiar en el que creció no resultó ser precisamente ideal, ni siquiera cómodo. Sus hermanos, siempre más fuertes y grandes que él, apenas le echaban cuentas; sólo se acordaban del pequeño cuando había que derivar la culpa de alguna trastada.

-¡Mamá, el chico que se ha comido mi lombriz!, le acusaba siempre el mayor de los seis. 

Por supuesto, siempre era mentira, a pesar de lo cual los padres acababan castigando al descendiente más canijo. Y lo hacían con lo que más le dolía: caminar por las llanuras para conocer al vecindario.

Así transcurrieron los cortos días de juventud hasta que no tuvo más remedio que emanciparse. En realidad estaba deseándolo, aunque con un pánico disimulado que en absoluto quería manifestar ante la cohorte familiar que le había tocado.

Al fin respiró aire fresco. La férrea educación de sus progenitores y la relación nada fraternal que había tenido en su primer año de existencia, marcó irremediablemente su vida. El contacto cada vez más frecuente con otras calandrias confirmó lo que venía experimentando de un tiempo a esta parte, se sentía diferente a las demás. 

La llamada de su primera primavera nunca le llegó. Desde lo alto de un poste de granito observaba cómo sus amigos de infancia levantaban el vuelo hasta una altura para él desconocida, al tiempo que cantaban con cierta provocación, en ocasiones correspondida por otras calandrias. Exagerados picados los combinaban con momentos de cernido, enseñando las oscuras y largas alas que dejan aparecer una fina línea blanca en el borde, muy atractiva. Esa forma tan particular de calandriar era el ritual heredado de sus antepasados, que conducía siempre a perpetuar el linaje que vivía las praderas esteparias.

A él le resultaba muy divertido, pero poco más. Confiaba en que su segunda primavera fuera al fin definitiva, pero tampoco cumplió con sus expectativas. No experimentó nada y ya empezó a sentirse molesto, sobre todo cuando el grupo de compañeros con los que había pasado el invierno comenzó a increparle. Ese fue el día en el que sospechó ser diferente al resto de las calandrias de las llanuras en las que vivía. Así que no tuvo una salida más digna que migrar de allí, irse sin rumbo conocido a la búsqueda de un lugar donde sus conespecíficos fueran más respetuosos y acogedores, también más iguales.

La vida le había estado dando la espalda inmerecidamente, pero por fin apareció su día. Todo el mundo tiene su momento y a él le había llegado. En un inmenso secarral lleno de pequeñas piedras y muchas ovejas se topó con una bandada de calandrias que tenían una forma de moverse muy parecida a la suya. 

Aún era invierno y con impaciencia ansiaba la llegada de la primavera. Quería ver dónde le conduciría su instinto, pero sobre todo esperaba ver el comportamiento de los demás miembros de su nuevo clan. Con el discurrir de los días, sin que el tedio hiciera su aparición, llegó su tercer marzo. Las calandrias vecinas no paraban de calandriar, con conspicuos cantos y vuelos que llevaban las parejitas a un reservado, donde muy cerca concluían sus roces con la construcción de un nido en pleno suelo. Sin embargo, su grupo permanecía ajeno a tanto trajín. 

Los pechos negros realzaban las bellas figuras de toda la banda, que sólo pretendía seguir con la diversión. Tan particulares ejemplares vivían en un asueto constante dentro de su pequeño paraíso, un calandrial donde las calandrias no querían calandriar.

jueves, 8 de marzo de 2012

De pajareo por la Serena

Si a cualquier persona ajena al mundo alado se le cuenta que en un secarral de libro, como es la Serena extremeña, se ven más pájaros por minuto que en una encinar de Sierra Morena, lo más probable es que no se lo crea, al tiempo que cuestionará tu formación ornitológica. Y hará bien. Así que lo mejor es invitarlo a dar un paseo, interpretado en el caso de que no esté muy ducho en pájaros de críptico plumaje, para desengañarse por sí mismo.

Meterse por cualquiera de los caminos que articulan la comarca pacense supone ir gastando, con alegría, el cuaderno de campo. Para eso es una ZEPA que, si no me equivoco, es la más grande de la piel de toro. Bien merecida distinción porque nunca defrauda al turista de prismáticos.

El otro día anoté en poco tiempo 45 especies, que no está nada mal. Junto con todas las esteparias clásicas, algunas acuáticas surgen de los charcos más inmundos, enriqueciendo las observaciones y generando un paisaje alado bastante curioso. Igual se ve un bando de calandrias volando sobre un zampullín chico, o un pelote de alondras coronadas por gaviotas reidoras.

Sin duda, un sitio para visitar.

jueves, 1 de marzo de 2012

Carraca europea, ave del año 2012

Acertada decisión, sí señor. Por fin se empieza a echarle cuentas en serio a uno de los pájaros más bellos de la ornitofauna ibérica. En mis correrías infantiles yo conocía a este animal como "carlanco", que es el nombre que le daba mi padre; y lo recuerdo como algo llamativo, diferente. Y no es para menos, el que haya visto alguna vez una carraca no la olvidará nunca. Junto con la oropéndola, el martín pescador y el abejaruco, conforman el póker de la belleza alada de nuestros campos.

Entre las muchas medidas que SEO va a poner en marcha durante este año, destaco la del censo popular del 15 de abril al 15 de mayo. Y sobre la marcha se me ocurre una propuesta  para el colectivo de ornitólogos de la provincia de Córdoba: tomarnos en serio esta actuación y plantearnos hacer una estima, lo mejor que podamos, de la población cordobesa de carraca. Nunca se ha hecho. Lo podría coordinar SEO-Córdoba, por ejemplo, y lanzarnos al campo durante ese mes a ver qué somos capaces de conseguir.

¿Nos animamos?