Fisiología de la migración

Cada año, millones de aves cruzan continentes, desiertos y océanos. En el caso de algunas especies esteparias, estos viajes conectan las llanuras agrícolas europeas con el Sahel africano, o las estepas asiáticas con el subcontinente indio. Pero ¿qué ocurre dentro del cuerpo de un ave migradora para que pueda completar semejante hazaña?

Un artículo reciente publicado por Pablo Salmón y otros en Journal of Avian Biology explora las nuevas fronteras de la fisiología de la migración y nos recuerda que migrar es el resultado de una coordinación entre múltiples sistemas del organismo.

Tolerar el calor: cruzar barreras térmicas

Uno de los grandes retos para muchas aves migradoras es el calor extremo. Algunas especies europeas deben cruzar el Sáhara dos veces al año. Estudios analizados en el artículo referido muestran que las especies transaharianas comienzan a jadear (un mecanismo clave para disipar calor) a temperaturas ambientales más altas que las migradoras de corta distancia. Es decir, parecen preparadas fisiológicamente para soportar condiciones más duras antes incluso de enfrentarse a ellas.

Combustible de alta precisión

La migración es uno de los momentos más exigentes del ciclo anual. Las aves deben acumular grasa rápidamente, almacenarla de forma eficiente y movilizarla con precisión milimétrica. Estudios realizados en currucas capirotadas revelan que las aves con mayores reservas dependen más del metabolismo lipídico y reducen el uso de proteínas. Además, el perfil metabólico cambia a lo largo del día y según el tipo de hábitat de parada.

Incluso a nivel celular, el sistema parece extraordinariamente robusto: experimentos en túnel de viento con reinitas mostraron que vuelos prolongados no dañan las mitocondrias del músculo de vuelo. Cuando la energía escasea, las aves degradan antes órganos digestivos que el músculo alar. La prioridad es clara: mantener intacto el motor del vuelo.

Radicales libres, antioxidantes y decisiones alimentarias

El ejercicio intenso genera estrés oxidativo, pero las aves no son víctimas pasivas. En estorninos, el propio vuelo estimuló las defensas antioxidantes, mientras que suplementos dietéticos no siempre ofrecieron beneficios claros. Sin embargo, en currucas infectadas por parásitos sanguíneos se observó una preferencia por frutos ricos en antocianinas, lo que sugiere que las aves ajustan su dieta según su estado fisiológico.

Además, un análisis comparativo en 113 especies europeas encontró que cuanto mayor es la distancia migratoria, mayor es el daño oxidativo detectado, incluso en época reproductora. La migración podría dejar “huellas” fisiológicas más duraderas de lo que pensábamos.

Sistema inmune y hormonas: el equilibrio delicado

Migrar implica también equilibrar energía e inmunidad. Algunas especies muestran ajustes sutiles del sistema inmune antes de iniciar el viaje, mientras que en otras la duración de la parada migratoria depende más del viento y las reservas energéticas que del estado inmunológico.

Las hormonas, como la corticosterona o la testosterona, coordinan estos cambios estacionales. Diferentes poblaciones de una misma especie pueden responder de forma distinta al mismo fotoperiodo, según su estrategia migratoria. Esto sugiere una base genética parcial y posibles implicaciones evolutivas ante el cambio global.

Una visión integradora

El artículo destaca que la migración es un fenómeno profundamente integrador: termorregulación, metabolismo, estrés oxidativo, inmunidad, endocrinología e incluso microbioma intestinal interactúan en un sistema dinámico y flexible. Las aves migradoras muestran una resiliencia notable, pero sus límites siguen siendo en gran parte desconocidos .

Conocer cómo funciona la maquinaria interna nos ayudará a prever qué especies podrán adaptarse y cuáles necesitarán una atención urgente en un mundo en rápida transformación.


Imagen: Juan M. Delgado

REFERENCIA:

Salmón, P., Kärkkäinen, T., & Helm, B. (2026). New frontiers in avian physiology: what's migration got to do with it? Journal of Avian Biology, 2026(e03628). https://doi.org/10.1002/jav.03628.


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