La estepa cerealista ibérica es un refugio para las aves forjado por milenios de agricultura
Las aves esteparias están originalmente asociadas a las estepas naturales del sur de Rusia, Ucrania y Kazajistán, sin embargo su presencia en nuestro territorio es el resultado de un proceso biogeográfico y cultural que se remonta miles de años. Durante el Cuaternario (últimos 2,6 millones de años), las especies esteparias colonizaron la península ibérica procedentes de las estepas afro-asiáticas. Sin embargo, su persistencia no habría sido posible sin la expansión agrícola del Neolítico (7.000-3.000 a.C.). La implementación del pastoreo y el cultivo de cereales, combinada con las condiciones climáticas mediterráneas semiáridas, crearon hábitats sin cobertura arbórea estructuralmente muy similares a las estepas naturales. Por esta razón, estos paisajes agrícolas se conocen como "pseudoestepas".
La península ibérica es el principal enclave europeo donde los paisajes agrícolas han mantenido estas condiciones climáticas y estructurales, convirtiéndose en un verdadero santuario para las poblaciones europeas de aves esteparias.
Un mosaico agrícola dinámico
La estepa cerealista ibérica constituye un mosaico paisajístico donde extensas áreas de cultivos cerealistas se trabajan mediante rotación. Estas rotaciones alternan cereales con leguminosas o barbechos, intercalándose con pastizales, cultivos permanentes y matorrales. Esta heterogeneidad espacial es clave para la biodiversidad esteparia.
El calendario y la disposición espacial de las prácticas agrícolas —como las diferentes fechas de cosecha entre parcelas— junto con las cambiantes condiciones meteorológicas, generan un patrón de hábitat adecuado fragmentado y dinámico. Durante la época de lluvias, por ejemplo, el rápido crecimiento de la vegetación modifica sustancialmente la estructura del hábitat disponible.
Adaptación a la dinámica temporal
Las aves esteparias han desarrollado notables capacidades para afrontar estos paisajes estacionalmente dinámicos. Modifican sus patrones de selección de hábitat desplazándose hacia parcelas con mayor disponibilidad de alimento y menor riesgo de depredación. Esta flexibilidad comportamental resulta esencial para su supervivencia en un entorno agrícola tan cambiante.
Los hábitats no cultivados desempeñan un papel fundamental en este sistema. Al ofrecer condiciones de hábitat adecuadas durante todo el año, actúan como áreas refugio que garantizan la continuidad de las poblaciones esteparias cuando los cultivos atraviesan fases desfavorables.
En resumidas cuentas, la estepa cerealista ibérica representa un buen ejemplo de coevolución entre la actividad humana y la biodiversidad. Comprender la importancia de mantener estos sistemas agrícolas extensivos, con su mosaico de cultivos y rotaciones tradicionales, es fundamental para asegurar la conservación de nuestras valiosas comunidades de aves esteparias en el contexto europeo.
| Imagen propia. |
Comentarios
Publicar un comentario