Cómo amenaza la contaminación a las aves

¿Recuerdas el célebre libro "Pimavera silenciosa" de Rachel Carson? Publicado en 1962, fue un hito fundamental porque alertó al mundo sobre los peligros de los pesticidas químicos, especialmente el DDT, y sus devastadores efectos en la vida silvestre y los ecosistemas. La autora consiguió un cambio en la conciencia pública, que llevó, incluso, a la creación de la Agencia de Protección Ambiental (EPA) en Estados Unidos. Han pasado ya 63 años, pero ¿han cambiado las cosas?
Supongo que sí (optimista de nacimiento), pero las aves aves se siguen enfrentando a la batalla silenciosa contra no pocos contaminantes: el plástico, derrames de petróleo en los mares... hasta la luz y el sonido. La contaminación por petróleo es devastadora para las aves marinas, especialmente alcas, patos marinos y colimbos que pasan gran parte de su vida en la superficie. El crudo puede asfixiarlas o destruir la impermeabilización de sus plumas; les causa hipotermia y reducción de la flotabilidad. Si se ingiere, el petróleo y sus toxinas dañan órganos internos, el metabolismo, y pueden provocar deshidratación, envenenamiento, daño hepático y disrupción hormonal. Incluso una pequeña exposición puede tener efectos subletales que comprometen su éxito reproductivo y supervivencia. La contaminación crónica por limpieza de tanques tiene un impacto aún mayor que los derrames agudos. La vulnerabilidad de las aves árticas es notable, ya que el petróleo persiste más en aguas frías y ellas ya sufren estrés térmico.
La contaminación por plástico es un fenómeno global, con millones de toneladas ingresando a nuestros océanos. Más del 56% de las especies de aves marinas se ven afectadas por ingestión, enredo o incorporación en nidos. Aunque causa lesiones o muerte, los efectos subletales y poblacionales del plástico son aún poco comprendidos. Este problema no se limita al ámbito marino; gran parte proviene de fuentes terrestres, y afecta también a aves de agua dulce y terrestres.

En entornos urbanos, la contaminación del aire por el tráfico reduce la abundancia de insectos, afectando la alimentación de polluelos de aves como el gorrión común. La contaminación acústica (ruido) y la luz artificial nocturna alteran el comportamiento. El ruido puede enmascarar el canto; carboneros comunes cantan a frecuencias más altas, y petirrojos lo hacen de noche. Esta luz desorienta a aves migratorias nocturnas, con lo que les provoca colisiones mortales con estructuras, y a polluelos de aves marinas (como frailecillos y pardelas cenicientas), que quedan varados en tierra.

Los pesticidas también han dejado una huella profunda. El DDT causó el famoso adelgazamiento de las cáscaras de los huevos en rapaces como halcones peregrinos, gavilanes y águilas reales en el siglo XX, llevando su declive. Su prohibición fue clave para la recuperación. Más recientemente, los neonicotinoides han mostrado efectos negativos en crecimiento, reproducción y comportamiento de aves, con asociaciones negativas para las poblaciones de alondras y gorriones comunes. Incluso las colillas de cigarrillos, con nicotina similar, son usadas por gorriones en nidos como insecticida, pero podrían tener costes fisiológicos.

Se sabe que las aves son buenos indicadores de la salud ambiental. La monitorización de la contaminación por petróleo o plástico en aves marinas y los análisis de huevos de aves para contaminantes como mercurio nos alertan sobre los peligros invisibles
Sí, hoy tocaba un artículo "feo", de esos que no gusta escribir. Sé que el catastrofismo no es una buena práctica de seducción ambiental, pero de vez en cuando tenemos que acordarnos de Rachel Carson.


El texto de este artículo está basado en la publicación de BTO "Birds and pollution - a masterclass"



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