Carracas bajo la lluvia: nidos, tormentas y segundas oportunidades
La carraca europea ocupa en el sureste ibérico ramblas, badlands, cultivos leñosos dispersos y ambientes esteparios donde la disponibilidad de huecos para criar puede ser tan importante como la abundancia de insectos. Incluso en un territorio acostumbrado a la aridez, el clima puede cambiar las reglas del juego de forma brusca.
Un estudio reciente realizado por Václav y otros investigadores en el Campo de Tabernas, Almería, ha analizado cómo respondió una población de carraca europea a un episodio de lluvias excepcionalmente intensas durante la reproducción. Los autores compararon lo ocurrido en 2023 con una larga serie de datos recogidos entre 2006 y 2024, lo que ha permitido separar mejor lo anecdótico de lo inusual. La pregunta era sencilla solo en apariencia: ¿puede una especie migradora, que normalmente saca adelante una única pollada al año, ajustar su reproducción cuando el tiempo se tuerce?
Un mayo fuera de lo común
En 2023, mayo fue extraordinariamente lluvioso en Tabernas: 128,2 mm repartidos en 15 días, con casi la mitad de esa lluvia caída en una sola jornada. En el nordeste del área de estudio la situación fue aún más extrema, con 191,5 mm en diez días. Para una especie que cría en cavidades, la lluvia no es solo agua: puede significar nidos empapados, huevos enfriados, menor disponibilidad de insectos y un aumento de los costes de incubar.
La respuesta de las carracas fue compleja. En la parte temprana de la temporada la puesta fue unos cinco días antes de lo habitual, pero las más tardías se retrasaron alrededor de once días. El resultado fue una temporada reproductora anormalmente alargada, con muchos nidos activos hasta bien entrado julio. No parece un simple cambio de fechas, sino una reorganización de la reproducción bajo presión ambiental.
Fracasos, segundas oportunidades y cavidades mejores
El golpe principal se produjo durante la incubación. En 2023 aumentaron los fracasos reproductores y, de forma llamativa, también los intentos aparentes de reposición: nuevas puestas en cavidades donde una tentativa previa había fallado. Los autores son prudentes, porque las aves no estaban marcadas individualmente y no puede asegurarse en todos los casos que fueran las mismas parejas. Aun así, el patrón sugiere una flexibilidad poco frecuente en una especie de una sola pollada anual.
No todos los nidos sufrieron igual. Las cavidades en piedra fueron las más vulnerables, con interiores húmedos y peores resultados. En cambio, las cajas nido y las madrigueras en arenisca amortiguaron mejor el episodio. Gracias a esos emplazamientos más resistentes, la productividad global de la población no se apartó claramente de los valores medios a largo plazo, aunque ese dato general esconde diferencias importantes entre tipos de cavidad.
Conservar también es diseñar buenos nidos
La lección de conservación es muy práctica. Las cajas nido han sido una herramienta útil para la carraca, pero el estudio indica que deben pensarse no solo frente al calor, sino también frente a lluvias intensas: mejor aislamiento, menor entrada de agua, buen drenaje y protección estructural. En un clima más variable, el diseño de una caja puede marcar la diferencia entre un refugio y una trampa húmeda.
La carraca mostró margen de maniobra, pero no ilimitado. Retrasar la reproducción puede permitir una segunda oportunidad, aunque también deja menos tiempo para mudar, acumular reservas y preparar la migración. La flexibilidad existe; la cuestión es cuánto costará ejercerla si los episodios extremos se hacen más frecuentes.
Václav, R., Castaño-Vázquez, F., Veiga, J. & Valera, F. (2026). Reproductive flexibility in a single-brooded migrant: can the European roller Coracias garrulus adapt to extreme weather events? Journal of Avian Biology, 2026, e03502. https://doi.org/10.1002/jav.03502
Comentarios
Publicar un comentario