La agricultura también cambia los parásitos de las aves
Los efectos de la intensificación agraria sobre las aves no se limitan a la pérdida de hábitat o a la disminución del alimento. Las prácticas agrícolas pueden alterar relaciones ecológicas mucho menos visibles, como las que mantienen las aves con los organismos que viven sobre ellas o en su interior.
Un estudio realizado en un paisaje agrícola del suroeste de Francia por Audrey Bailly y otros, publicado en Agriculture, Ecosystems and Environment, ha comparado las infecciones parasitarias de pequeños paseriformes capturados en zonas dominadas por agricultura convencional y ecológica. El resultado no dibuja una oposición sencilla entre ambientes «buenos» y «malos»: según el tipo de parásito, las diferencias aparecieron en sentidos contrarios.
Parásitos por fuera y por dentro
Los investigadores trabajaron en la Zone Atelier Plaine & Val de Sèvre, un área agrícola de 450 kilómetros cuadrados en Nueva Aquitania (Francia). Seleccionaron veinte setos: diez rodeados principalmente por cultivos convencionales y otros diez situados en entornos con una elevada proporción de agricultura ecológica.
Durante las temporadas reproductoras de 2019 y 2021 capturaron 1.095 aves pertenecientes a 35 especies, aunque los análisis se concentraron en las diez especies con muestras suficientes. Entre ellas figuraban el escribano soteño, el ruiseñor común, la curruca capirotada, el mirlo común, el petirrojo europeo y el mosquitero musical.
En cada ave buscaron dos grupos de ectoparásitos —garrapatas y piojos masticadores— y dos tipos de endoparásitos: Plasmodium, causante de la malaria aviar, y coccidios intestinales. Además, distinguieron entre la prevalencia, es decir, la proporción de aves infectadas, y la intensidad, entendida como el número de parásitos presentes en los individuos infectados.
La probabilidad de infectarse fue semejante
La proporción de aves infectadas no mostró diferencias significativas entre ambos sistemas agrarios para ninguno de los cuatro grupos estudiados. En otras palabras, vivir junto a cultivos convencionales o ecológicos no pareció modificar la probabilidad de portar al menos un parásito.
Las diferencias aparecieron al observar cuántos parásitos acumulaban las aves ya infectadas. En conjunto, los paseriformes capturados en ambientes convencionales presentaron menos piojos masticadores y una tendencia a albergar menos garrapatas. Por el contrario, soportaron una mayor carga de parásitos sanguíneos. La cantidad de coccidios no varió de forma significativa entre los dos tipos de agricultura.
También hubo importantes diferencias entre especies y años. Los mirlos destacaron por la presencia de garrapatas, los escribanos soteños por sus cargas de piojos y los mosquiteros musicales por las infecciones sanguíneas y los coccidios. Esta variabilidad recuerda que la relación entre un ave y sus parásitos depende de su comportamiento, su ecología y su respuesta inmunitaria, no solo del paisaje agrícola.
¿Por qué hay menos ectoparásitos en los cultivos convencionales?
El estudio no fue diseñado para demostrar los mecanismos responsables, de modo que sus explicaciones deben entenderse como hipótesis. Una posibilidad es que los plaguicidas reduzcan directamente la supervivencia de los ectoparásitos. Las fases juveniles de muchas garrapatas permanecen en la vegetación o en el suelo, donde pueden entrar en contacto con tratamientos agrícolas. Los piojos también podrían exponerse a sustancias acumuladas en las plumas, la piel o la sangre de sus hospedadores.
Que haya menos parásitos externos no significa necesariamente que las aves estén en mejores condiciones. Los parásitos forman parte de los ecosistemas, y su disminución puede reflejar una alteración química del medio más que una mejora ambiental.
Más parásitos sanguíneos en la agricultura convencional
El patrón contrario observado en Plasmodium podría estar relacionado con el estado fisiológico de las aves. Los autores plantean que la exposición a plaguicidas, la reducción de los recursos alimenticios o el coste energético de eliminar sustancias tóxicas podrían dejar menos energía disponible para el sistema inmunitario. También es posible que ciertos compuestos afecten de manera directa a las defensas del organismo.
Una respuesta inmunitaria menos eficaz permitiría que los parásitos se multiplicaran con mayor intensidad una vez producida la infección. Sin embargo, el trabajo no midió residuos de plaguicidas en las aves, por lo que no puede establecer una relación causal directa entre exposición química y carga parasitaria.
Un paisaje agrícola con efectos cruzados
El principal interés del estudio reside precisamente en esa respuesta desigual. La agricultura ecológica apareció asociada a más ectoparásitos, pero también a una menor carga de parásitos sanguíneos. La convencional mostró el patrón inverso. Evaluar la salud de las aves mediante un único parásito habría ofrecido, por tanto, una visión incompleta.
Los resultados proceden de una sola región y de dos temporadas de muestreo. Además, algunas comparaciones, en especial las relativas a garrapatas y coccidios, contaron con pocas aves infectadas. Los autores proponen medir en futuros trabajos los residuos de plaguicidas presentes en cada individuo para comprobar si existe una relación directa con las infecciones.
Conservar las aves de los medios agrarios exige comprender no solo cuántas sobreviven o dónde se reproducen, sino también cómo las prácticas agrícolas modifican su fisiología y sus relaciones con otros organismos. Los parásitos, casi siempre ocultos, pueden revelar algunos de esos cambios.
| Imagen propia. |
REFERENCIA:
Bailly, A., Monceau, K. y Moreau, J. (2026). Farming practices induce contrasted effects on parasitic infections in passerine birds in agricultural landscapes. Agriculture, Ecosystems & Environment, 396, 110008. https://doi.org/10.1016/j.agee.2025.110008
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