De qué va esto

cuentos de pájaros


miércoles, 10 de abril de 2013

Historias de aguiluchos



Sudán, 23 diciembre 2012. En el ajetreado valle del Nilo, los aguiluchos cenizos venidos de la vieja Europa se concentran allá donde proliferan los ratoncillos y aves de mediano tamaño. A la hora de criar serán muy coloniales, pero lo cierto es que ahora cada uno va a su bola, sobreviviendo al invierno como buenamente puede. Apenas se dirigen la palabra; salvo dos más jovencillos que parecen enfrascarse en una disputa.

- La he visto yo antes, y es mía.
- Ni lo sueñes, chaval. Ya he estado charlando con ella cuando viajábamos hacia aquí. Es más, hemos dormido junto en Marruecos y Argelia.
- ¿Y qué? ¿Acaso no te has dado cuenta de que no me quita ojo?

La aguilucha motivo de gresca entre los dos machitos estaba pendiente de todo. Apreciaba a sus dos amigos, y no quería que por un subidón de testosterona los dos gallitos acabaran desgarrados. Así que a la caída de la tarde, aprovechando la tranquilidad del crepúsculo, se dirigió a ambos. «Os he estado viendo todo el día y no me gusta nada vuestra actitud», les dijo. «Tengo aprecio por los dos, lo sabéis, así que no puedo permitir la violencia entre vosotros. Os propongo un trato: este año me reproduciré con aquel que llegue antes a los trigales de Fuente Obejuna. Allí nací y allí volveré para criar a mis hijos. Yo saldré antes que vosotros, llegaré al Guadiato a mediados de marzo. Espero al más rápido».

El trato se cerró y la joven hembra partió rumbo a Iberia, a esperar. El día convenido los dos aguiluchos volaron veloces para atravesar de abajo a arriba el mapamundi. Pero el mes de abril estaba al caer, y ninguno de los dos llegaba a su destino. Ella empezó a preocuparse. Pasó el tiempo y el día veintitrés aparecieron, al fin, los dos a la vez, exhaustos, flacos, algo desplumados y muertos de hambre.

Pero la aguilucha ya había perdido la efervescencia hormonal. Los días para el apareamiento se habían agotado, y además los dos espantajos recién llegados no estaban para revolcones. Lamentó dejar pasar un par de ocasiones para el amor con sendos pájaros muy lustrosos; ella, fiel a su palabra, estaba dispuesta a darse solo al campeón. Pero eso será en otra ocasión, porque que este año, desde luego, le ha caído un buen cenizo.

Moraleja…. tú mismo (o misma…. o mismamente).