Avutarda y sisón: dos especies con necesidades climáticas diferentes

Un estudio publicado en la revista Ardeola en 2011 por Delgado, Traba y Morales aporta datos interesantes sobre qué condiciones climáticas necesitan la avutarda común y el sisón común para vivir. Aunque ambas especies comparten nuestros campos cerealistas y suelen verse juntas, este trabajo demuestra que sus "preferencias" climáticas son bastante diferentes, algo que debemos tener en cuenta para protegerlas eficazmente. 

Dos estrategias distintas frente al clima

Los investigadores analizaron la distribución de ambas especies en toda Europa, desde Marruecos hasta el Mar Caspio, relacionándola con variables como la lluvia y la temperatura. Los resultados son sorprendentes: aunque las dos prefieren zonas secas, la avutarda está mucho más condicionada por factores relacionados con el agua disponible en el suelo y la vegetación, mientras que el sisón es más sensible tanto a la lluvia como a las temperaturas.

Un dato especialmente curioso es que el sisón aparece tanto en zonas muy secas (como el centro de España o el sur de Rusia) como en áreas bastante lluviosas del oeste de Europa, pero evita las zonas de precipitación intermedia. Esto podría explicarse porque los paisajes abiertos que necesita se pueden formar bajo diferentes condiciones de lluvia, o quizás porque ha desaparecido de esas zonas intermedias por otras causas relacionadas con la actividad humana.

El tamaño importa

Otra diferencia clave está en cómo toleran el frío. El sisón, siendo un ave mucho más pequeña (menos de 1 kg frente a los 4-10 kg de la avutarda), pierde calor corporal más rápidamente. Por eso prefiere zonas donde los inviernos no sean demasiado duros, evitando los climas muy continentales que sí tolera bien la avutarda. Esta mayor sensibilidad al frío hace al sisón más vulnerable cuando llegan olas de frío intenso.
 
Conservar según las necesidades de cada especie

Estos resultados tienen aplicaciones prácticas inmediatas. Para conservar al sisón eficazmente, necesitamos proteger poblaciones a lo largo de todo el abanico climático donde todavía sobrevive, prestando especial atención a las zonas de clima suave que pueden servir de refugio. Además, con el cambio climático en marcha, estas poblaciones de zonas más templadas cobran aún mayor importancia.

Para la avutarda, la clave está en mantener la humedad del suelo y la productividad de la vegetación en las estepas cerealistas. Esto significa promover prácticas agrícolas que ayuden a conservar el agua en el suelo y eviten que nuestros campos se vuelvan cada vez más áridos.

Este trabajo nos enseña algo fundamental: dos especies que viven juntas en el mismo lugar pueden tener necesidades muy diferentes cuando miramos el panorama general. Conocer estas diferencias es esencial para diseñar planes de conservación que realmente funcionen y aseguren el futuro de nuestras aves esteparias.
 
Imagen: Francesco Veronesi (https://www.flickr.com/photos/francesco_veronesi/). https://creativecommons.org/licenses/by-sa/2.0 (CC BY-SA 2.0)
 
REFERENCIA:
Delgado, M.P., Traba, J. y Moralesm M.B. 2011. Climate niche constraints in two coexisting steppe birds: the Little and the Great Bustards. Ardeola, 58 (2): 223-238.
 

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