Sensibilidad del chorlito dorado a la presencia humana durante la reproducción

El impacto de las actividades recreativas sobre las poblaciones de aves esteparias es una cuestión que genera considerable debate entre gestores, conservacionistas y usuarios del medio natural. Un estudio desarrollado por D.W. Yalden y Patricia E. Yalden en el Peak District National Park (Inglaterra) aporta datos cuantitativos sobre la sensibilidad del chorlito dorado (Pluvialis apricaria) a la presencia humana, información interesante, entre otras cosas, para diseñar estrategias de conservación efectivas.

Metodología: aprovechando el comportamiento de alarma

Los investigadores desarrollaron una metodología basada en el comportamiento natural de la especie. Durante la fase de cría de pollos, al menos uno de los adultos permanece cerca de la progenie y emite llamadas de alarma persistentes ante cualquier intruso. Este comportamiento, mucho más conspicuo que durante la incubación, permitió medir las "distancias de alarma" —la distancia a la que los adultos comienzan a emitir estas vocalizaciones.

Durante visitas censales semanales en dos localidades de estudio, se contaron los pasos desde la distancia desde el punto en que un chorlito emitía la primera alarma hasta la posición del ave en ese momento. Dado que estos pájaros suelen vociferar desde prominencias del terreno, era posible identificar su ubicación incluso cuando el ave ya había volado. Las mediciones se calibraron previamente, determinando que cada paso del observador equivalía a 1,14 metros.

Imagen: Juan M. Delgado. Grupo de chorlitos invernantes junto a avefría europea

Resultados: una zona de seguridad de 200 metros

El análisis de 333 distancias de alarma reveló que los chorlitos dorados reaccionan, en promedio, a 164 pasos (aproximadamente 187 metros) de distancia, aunque se registraron respuestas desde los 38 hasta los 491 pasos. Existían diferencias significativas entre las dos áreas de estudio (144 versus 179). Esta diferencia no parece deberse a habituación —las parejas cercanas a senderos principales mantuvieron su nivel de alarma durante todo el periodo de observación— sino más probablemente a diferencias topográficas.

Se detectó también un modesto incremento en la distancia de alarma a lo largo del periodo post-eclosión: 155 pasos con pollos pequeños (semanas 1-2), 166 con pollos grandes (semanas 3-5) y 186 con juveniles (semanas 6-9). Aunque esta tendencia es estadísticamente significativa, el solapamiento entre los rangos de valores es considerable, lo que sugiere que la sensibilidad se mantiene relativamente constante durante toda la fase de dependencia de los jóvenes.

Para fines prácticos, los autores concluyen que los chorlitos dorados alarman ante cualquier presencia humana dentro de un radio de 200 metros durante la crianza de pollos.

Implicaciones para la conservación

La distancia de alarma de 200 metros tiene consecuencias directas y medibles sobre las poblaciones. Cada episodio de alarma implica un coste energético para los adultos, reduce el tiempo disponible para alimentación y acicalamiento, e interrumpe la alimentación de los pollos —que se ocultan en respuesta a las llamadas de alarma— y la capacidad de termorregulación mediante el cebado, especialmente crítica en condiciones meteorológicas adversas. Además, existe el riesgo de que las alarmas persistentes atraigan la atención de depredadores reales como mustélidos, rapaces o córvidos.

Más allá de estos efectos inmediatos, un radio de sensibilidad de 200 metros implica que cualquier individuo puede verse afectado por personas situadas dentro de un círculo de 400 metros de diámetro centrado en sus pollos. Si el máximo registrado (500 metros) refleja la sensibilidad real de algunos individuos, ese círculo alcanza un kilómetro de diámetro. Estas dimensiones tienen implicaciones directas para la planificación territorial.

Espaciamiento de senderos: evitar el desarrollo de redes de caminos con separaciones inferiores a 400 metros. Un mallado más denso sometería a disturbios continuos prácticamente todo el hábitat disponible.

Diseño de itinerarios: limitar el número de puntos de acceso y canalizar el uso público hacia senderos únicos bien definidos, evitando la proliferación de caminos paralelos. En franjas estrechas de hábitat adecuado, situar los senderos en los bordes en lugar de atravesar el centro del área.

Establecimiento de áreas núcleo: dada la baja densidad de la especie y el tamaño considerable de sus territorios, resulta imprescindible mantener áreas de refugio sin acceso público o con acceso muy limitado.

Información y sensibilización: aunque un caminante individual que atraviesa un territorio no representa una amenaza seria, las observaciones demostraron que en periodos de máxima afluencia las molestias pueden ser continuas durante jornadas completas de ocho horas. Los observadores de aves deben ser conscientes de que permanecer observando a los adultos alarmados durante periodos prolongados resulta especialmente perjudicial.

Reflexión final

Este estudio ejemplifica cómo la cuantificación rigurosa del comportamiento animal puede proporcionar criterios objetivos para la gestión de áreas protegidas. La distancia de 200 metros no es una cifra arbitraria, sino una medida empírica del espacio que la especie requiere para criar con éxito.

La aplicación de estos criterios a la planificación de infraestructuras recreativas en espacios esteparios puede marcar la diferencia entre poblaciones en declive y poblaciones estables. No se trata de excluir completamente el uso público, sino de ordenarlo de manera compatible con los requerimientos ecológicos de las especies más sensibles, estableciendo un equilibrio entre conservación y uso público que garantice la persistencia a largo plazo de estas comunidades de aves.

Aunque este estudio se centra en el chorlito dorado, su verdadero valor trasciende la especie concreta: pone de manifiesto la necesidad de incorporar criterios ornitológicos en la planificación territorial y el diseño de equipamientos y servicios públicos en el medio natural. Cada sendero trazado, cada área de descanso habilitada, cada punto de acceso abierto tiene consecuencias medibles sobre las comunidades de aves. Ignorar estos requerimientos en el diseño de servicios para la ciudadanía no solo compromete la viabilidad de las poblaciones de aves, sino que empobrece el propio patrimonio natural que justifica la existencia de estos espacios naturales.



REFERENCIA:
Yalden, D.W. & Yalden, P.E. (1989). The sensitivity of breeding Golden Plovers Pluvialis apricaria to human intruders. Bird Study, 36(1), 49-55. https://doi.org/10.1080/00063658909477002


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