Los pájaros seleccionan cuidadosamente su alimento
Julia Zurdo y siete investigadores más hicieron un estudio de los paseriformes de las estepas naturales del centro de España demostrando que estas aves no comen insectos “al azar”, sino que seleccionan activamente aquellos que les aportan mayor valor nutritivo, especialmente durante la época de cría .
Los investigadores estudiaron seis especies típicas de estos ambientes, entre ellas la alondra ricotí, una de las aves más amenazadas de Europa. Para saber qué comen realmente, utilizaron una técnica innovadora: el análisis de ADN en las heces. Este método permite identificar restos de presas incluso cuando no dejan fragmentos visibles, como ocurre con orugas o insectos de cuerpo blando. Además, el equipo midió de forma independiente qué insectos estaban disponibles en el campo, tanto en número como en biomasa.
El resultado fue claro: las aves son selectivas. Aunque las hormigas eran, con diferencia, los insectos más abundantes en el entorno, aparecían muy poco en la dieta. No es casualidad: las hormigas son pequeñas, duras y poco nutritivas. En cambio, grupos mucho menos abundantes, como los saltamontes (ortópteros), las chinches (heterópteros), los escarabajos, las arañas o las orugas de lepidópteros, eran consumidos con mucha mayor frecuencia de lo esperado.
¿Por qué estas presas? Porque son auténticos “superalimentos” para las aves. Los saltamontes y las arañas aportan grandes cantidades de proteína, clave para el crecimiento de los pollos. Las chinches destacan por su contenido en grasas, esenciales para la reproducción. Las orugas, además, contienen carotenoides, compuestos importantes para el sistema inmunitario. Incluso los milpiés, seleccionados por algunas especies, aportan calcio, fundamental para la formación de los huevos.
El estudio también mostró que cada especie afina su estrategia. Algunas prefieren presas grandes y energéticas; otras diversifican más su dieta. Estas diferencias ayudan a reducir la competencia entre ellas y facilitan que convivan en los mismos paisajes abiertos.
Las implicaciones para la conservación son evidentes. Si las aves dependen de un conjunto concreto de insectos de alta calidad, no basta con que haya muchos insectos, sino que deben estar presentes los adecuados. La intensificación agrícola, el abandono del pastoreo tradicional o la pérdida de heterogeneidad del hábitat reducen precisamente esos grupos clave.
Mantener estepas bien gestionadas, con mosaicos de vegetación y prácticas extensivas como el pastoreo ovino, no solo conserva el paisaje: garantiza la despensa de unas aves cada vez más amenazadas. Porque, en la naturaleza, como en la vida, no todo vale para alimentarse.
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