Producir alimentos sin perder biodiversidad
En las últimas décadas, las aves ligadas a los paisajes agrarios españoles han retrocedido de forma silenciosa, pero constante. Un nuevo estudio liderado por Chamizo y colaboradores, publicado en Biological Conservation, analiza qué ha ocurrido entre 1998 y 2018 en las principales comarcas agrícolas del país y, sobre todo, qué papel ha jugado la intensificación agraria.
El trabajo compara los dos últimos Atlas de Aves Reproductoras en España y evalúa 37 especies agrupadas en tres grandes bloques: aves esteparias estrictas, aves agrarias y especies generalistas que usan el campo para alimentarse. El resultado es claro: 33 de las 37 especies redujeron su área de distribución. La contracción media fue del 32 %, con casos extremos como la lechuza común, que perdió un 65 % de su rango en comarcas agrícolas.
Además, la riqueza de especies disminuyó en los tres grupos. No solo hay menos aves, sino que las comunidades se están empobreciendo y homogeneizando.
El rendimiento como señal de alarma
El hallazgo más consistente es el efecto negativo del rendimiento cerealista, utilizado como indicador de intensificación. Allí donde los cultivos producen más kilos por hectárea —gracias a más fertilizantes, pesticidas, mecanización y densidad de siembra— hay menos especies y menos presencia de aves.
Este patrón afecta tanto a especialistas esteparios como a especies más generalistas. Es decir, el modelo agrario actual no solo influye a las avutardas o sisones sino que también debilita a aves que, en teoría, deberían adaptarse mejor.
En cambio, la superficie de cultivos herbáceos de secano mostró efectos positivos generalizados. Los paisajes abiertos de cereal, cuando mantienen cierta heterogeneidad, siguen siendo el soporte básico de estas comunidades. Esto es, una mayor superficie de estos cultivos implica más hábitat disponible para las aves, más mosaico agrario, más cobertura vegetal estructuralmente adecuada. En este sentido, el cereal extensivo como hábitat es positivo.
¿Qué está fallando en la gestión?
El estudio revela matices importantes. No toda “superficie agraria” es igual. Un aumento de la superficie agrícola total se asoció frecuentemente a efectos negativos, probablemente porque implica pérdida de linderos, barbechos funcionales o hábitats seminaturales. El caso del barbecho es especialmente llamativo: aunque tradicionalmente se considera clave para la biodiversidad, los datos muestran efectos negativos en muchos casos, y la explicación no es que el barbecho sea malo sino que no todos son ecológicamente funcionales. Si se labran, trituran o mantienen desnudos, pierden su valor como refugio, zona de cría o fuente de alimento.
También aparecen señales mixtas en regadíos y cultivos leñosos. En algunos contextos pueden ofrecer recursos estructuralmente similares al cereal; en otros, su intensificación o transformación (como el paso a sistemas en espaldera) puede resultar perjudicial. Conviene matizar y aclarar este resultado: aunque el análisis detecta efectos positivos en algunos contextos, esto no implica que sean hábitats óptimos para las aves esteparias. En términos generales, la transformación de secanos abiertos en regadíos intensivos o en leñosos homogéneos reduce la calidad del paisaje estepario, al aumentar la estructura vertical y la intensidad de manejo. Los efectos positivos observados probablemente responden a situaciones locales donde estos cultivos mantienen una estructura todavía abierta o coexisten con mosaicos extensivos. Sin embargo, cuando se intensifican —por ejemplo, mediante sistemas en espaldera, aumento de densidad o mayor uso de insumos— su impacto suele ser claramente negativo para las especies.
¿Qué cambios son necesarios?
La conclusión es inequívoca: bajo el modelo agrario dominante, casi todas las especies son “perdedoras”. Revertir esta tendencia exige actuar sobre la gestión, no solo sobre la superficie cultivada. No se trata únicamente de cuánto campo agrícola hay, sino de cómo se maneja. El estudio respalda medidas claras: reducción efectiva de fertilizantes y pesticidas, implantación real del manejo integrado de plagas, impulso decidido a la agricultura ecológica, adaptación de calendarios y técnicas de cosecha para evitar la destrucción de nidos y restauración de elementos de alta diversidad dentro del paisaje agrario.
Como ya sabemos y aquí insistimos mucho, los barbechos deben ser verdaderamente funcionales. No basta con dejar una parcela “en descanso” si se labra o se mantiene desnuda. Necesitamos barbechos con cubierta vegetal, heterogéneos, que ofrezcan alimento, refugio y lugares de cría. Además, su gestión debería adaptarse a las necesidades de especies concretas: zonas con suelo desnudo para gangas y alcaravanes, alturas de vegetación adecuadas para sisones o avutardas, y mantenimiento de insectos disponibles para la alimentación de pollos.
El pastoreo, siendo una herramienta importante para mantener hábitats abiertos, debe planificarse para evitar sobrecargas ganaderas que simplifiquen la estructura del pasto o eliminen recursos tróficos. Un pastoreo moderado y bien distribuido puede generar mosaicos favorables; uno intensivo puede degradarlos rápidamente.
Y, sobre todo, las políticas públicas —como el Reglamento europeo de Restauración de la Naturaleza y la PAC— deben traducirse en cambios medibles en el territorio. No en declaraciones, sino en indicadores claros: más superficie con infraestructuras verdes funcionales, menos insumos químicos, mayor heterogeneidad del paisaje y seguimiento continuado de las poblaciones de aves. Porque si algo demuestra este estudio es que las aves esteparias están respondiendo con rapidez a cómo gestionamos el campo. Y su declive no es solo un problema ornitológico, es una señal de alarma sobre la salud de nuestros agroecosistemas.
| Imagen propia. Campiña andaluza. |
REFERENCIA:
Chamizo, D., Tarjuelo, R., Morales, M. B., & Seoane, J. (2025). Range contractions of farmland and steppe birds over two decades in relation to agricultural management in Spain. Biological Conservation, 311, 111437. https://doi.org/10.1016/j.biocon.2025.111437
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